3 ago. 2012

LA GENERACIÓN DE 1927: EL ALIENTO TRADICIONAL Y EL NO CONFORMISMO (I)

¿Por qué a filo de los años 30 la protesta social en literatura parte de la realidad rural y agraria y se tipifica el hombre-pueblo a través del hombre del campo?  Podríamos responder diciendo que la situación agraria e industrial han conducido, más que a un ascenso urbano e industrial de la burguesía española, a una escasa, pero potente burguesía empresarial, que se ha ligado con la oligarquía, con la gran clase de la propiedad agraria y con la "ideología aristocrática señorial".
Galdós, y en parte Clarín, estaban llamados a ser representantes literarios de la burguesía española; pero como lo único que existía era una oligarquía (y esta suponía un valor regresivo), se convirtieron en portavoces de los trabajadores y de sus aliados, frente a la oligarquía archipropietaria y bañada en la "ideología aristocrática señorial".
¿Tiene algo de extraño que en esta situación Machado, Lorca, Alberti, Hernández, Ramón J. Sender... busquen el hombre a secas en el hombre del pueblo?  La reacción más racional, vital y sentimental es que estos hombres, que ven una España mayoritariamente agraria y con la contradicción tremenda de una sociedad compuesta por el oligarca-financiero-terrateniente, partan de una sociedad rural arcaizante, protesten y tomen partido socialmente.  Este hecho es signo de reflexión.
Federico García Lorca nació en Fuente Vaqueros (Granada) en 1898 y fue asesinado en Viznar el 19 de agosto de 1936, tras ser denunciado por propios familiares y amigos de izquierdas a las tropas nacionales por mor del cobro de una herencia (citamos a Paul Preston).
La poesía andaluza ofrece, como en todas las épocas, un mayor encanto jugoso, una fácil -y difícil- posibilidad de comprensión para un público más extenso.  Dentro de esto, y como interpretación del alma popular -eterna- del mediodía español, surge la figura de Federico García Lorca.
Lorca escribe Canciones, Poemas del cante jondo, Romancero gitano, donde se cala lo humano, lo dramáticamente hondo de lo andaluz.  Lorca vive lo popular hasta el tuétano y lo siente como propio; no es algo gratuito ni estetizante; es algo visceral, que lleva a protestar de raíz.  Dejemos que sea el propio Lorca el que nos lo diga en estos párrafos suyos:


"Yo siempre seré partidario de los que no tienen nada y hasta la tranquilidad de la nada se les niega.  Nosotros -me refiero a los hombres de significación intelectual y educados en el ambiente medio de las clases que podemos llamar acomodadas- estamos llamados al sacrificio.  A mí me ponen en una balanza el resultado de esta lucha: aquí tu dolor y tu sacrificio y aquí la justicia para todos, aun con la angustia del tránsito hacia un futuro que se presiente, pero que se desconoce, y descargo el puño con toda mi fuerza en este último platillo.  Mientras hay desequilibrio económico el mundo no piensa.  Yo lo tengo visto.  Van dos hombres por la orilla de un río.  Uno es rico, otro es pobre.  Uno lleva la barriga llena y el otro pone sucio en aire con sus bostezos.  Y el rico dice: "¡Oh, qué barca más linda se ve por el agua!  Mire usted el lirio que florece en la orilla".  Y el pobre reza: "Tengo hambre, no veo nada.  Tengo hambre, mucha hambre". Natural.  El día que el hambre desaparezca, va a producirse en el mundo la explosión espiritual más grande que jamás conoció la humanidad.  Nunca jamás se podrán figurar los hombres la alegría que estallará el día de la gran revolución."

Sus intentos de crear un teatro popular quedaron frustrados; no obstante, dejó unas muestras en que lo lírico se funde con lo trágico a una altura genial Bodas de sangre, Yerma, La casa de Bernarda Alba...  tragedias de honradez, donde la contradicción social está patente, donde la rebelión interna llega a alcanzar tonos dramáticos, mientras que la honra externa grita: "¡Aquí no pasa nada!".  De todas formas, el Lorca que idealiza lo popular suele concluir diciendo que la represión no es una fuerza invencible.

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