10 ago. 2012

LA FORMACIÓN DEL FRENTE POPULAR (V)

Así pues el Frente Popular ofrece una candidatura común y única.  En realidad existen algunos casos de indisciplina, pero no tienen otro carácter que el de pura anécdota.  En ocasiones, al descender a nivel provincial, el acoplamiento definitivo de las candidaturas resultó penoso, pero, en líneas generales, se puede decir que estas dificultades se han superado.  Han existido diferencias de opinión, que demuestran, ante todo, que la unión de los grupos de izquierda es meramente temporal y obedece a una coyuntura histórica muy concreta.  Sin embargo, se han sobrellevado, entre otros motivos, gracias al sistema mismo empleado para la confección de las candidaturas.  Como hemos visto, se trataba de un sistema que centralizó en Madrid los posibles conflictos en orden al acoplamiento electoral.  Este sistema de centralización tenía como ventaja que no prosperasen las disputas de orden provincial, en onde el personalismo podía influir decisivamente todavía.  Además, el hecho de que las agrupaciones locales eligieran a sus candidatos por antevotación, como sucedía en muchos delos partidos de izquierdas, impedía que se pudieran presentar candidatos ayunos de apoyo popular.
Así como la derecha y el centro-derecha se habían aglutinado en 1933 en torno a una actitud de defensa frente a la actuación del gobierno anterior, en esta fecha, después de un prolongado período de gobierno, las fuerzas que habían participado en él se mostraban absolutamente carentes de sentimiento de satisfacción, y en consecuencia, mostraban su oposición a antiguos aliados de la víspera.  Pero no solamente el mismo planteamiento histórico de la contienda afectaba gravemente a la posibilidad de unión de las derechas, sino que, además, éstas no adoptaron un plan de perspectivas nacionales para que ésta tuviera lugar.  Aunque en la mayor parte del a Península existieron como mínimo dos fuerzas aglutinantes, ambas fueron insuficientes (estamos hablando de la CEDA y de la influencia del poder público).   No existió pacto electoral a nivel nacional, ni esa característica centralización que hemos visto en las izquierdas.  Por el contrario, la discusión de las candidaturas y el acoplamiento de puestos se desenvolvió en un mosaico de conflictos provinciales, con esporádicas intervenciones de los jefes nacionales.  A este hecho vino a unirse la fluctuación de unas alianzas a otras en período muy corto de tiempo, que contribuía a crear un ambiente confuso: un ejemplo muy claro lo tenemos en el hecho de que la CEDA pasara en poco tiempo de la alianza con los radicales a la de los centristas.  La carencia de conocimiento seguro sobre la fuerza de los partidos de centro-derecha, gravemente afectado en su organización por la terminación del bienio; la persistencia de personalismos en el campo de la derecha y la determinación, en muchos casos no democrática, de los candidatos por cada partido que habían de ocupar los puestos señalados, fueron factores que contribuyeron a la desunión.
Cuando se habla de desunión de las derechas en esta elección no se tiene muchas veces en cuenta el hecho de que esta unión si que se llevó a cabo.  Pero si no lo fue es porque los dirigentes de la derecha consideraron que no era absolutamente necesaria para lograr el triunfo electoral.  De hecho, la unión electoral se llevó hasta el límite máximo, teniendo en cuenta las dificultades que el mismo planteamiento de la elección y el posterior acoplamiento de candidatos producían.

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