10 ago. 2012

LA FORMACIÓN DEL FRENTE POPULAR (III)

A las teorías de Prieto sobre la ineficacia de la formación de un frente obrero de características revolucionarias, Largo Caballero contestaba:

"Con la teoría de Prieto, al PSOE, en la vida política española, no le queda otro papel que desempeñar que el de mozo de estoques de don Manuel Azaña."

Sin embargo, los titubeos de los socialistas eran un hecho, a medida que se acercaba el momento de las elecciones.
La situación pareció encauzarse, pues se imponía detener el paso de la reacción.  A finales de diciembre de 1935, las gestiones para concluir un pacto electoral eran una realidad.  Pese a las grandes diferencia entre Azaña y Largo Caballero, al final se impuso la alianza entre los socialistas y la izquierda burguesa.  Había que ganar las elecciones.  Había que conquistar el poder.  El temor a un supuesto fascismo y la perspectiva de la amnistía hicieron de elementos aglutinantes.
Largo Caballero había sido el puente entre socialistas y comunistas para unirse al Frente Popular, y Prieto constituyó el otro puente de unió con las izquierdas burguesas.
En Cataluña, Companys, tras su procesamiento, se había convertido en una figura extremadamente popular. Además, aquellos sectores pensaban que sólo una República de izquierdas salvaría y garantizaría el Estatut catalán.  Algo similar ocurría en el País Vasco.
La postura de los anarquistas respecto a las elecciones que se avecinaban era "vacilante".  Sus consignas, su clásico apoliticismo (para ellos "política" era sinónimo de engaño, superchería, robo...), les hacían dudar mientras se llevaba a cabo una campaña en favor de la amnistía.  Esta vacilación favorecía al Frente Popular.  Durruti, por ejemplo, afirmó:

"No puedo recomendar a nadie que no vote"

La realidad fue que muchos anarquistas desobedecieron las consignas del "no votar".  Así resultó que la intervención de los anarquistas en las elecciones de febrero fue decisiva para el triunfo del Frente Popular.


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