10 ago. 2012

LA FORMACIÓN DEL FRENTE POPULAR (I)

En Europa, la organización democrática de varios Estados se hallaba en crisis.  Las derechas adoptaban como reacción una actitud violenta.  En Alemania e Italia había triunfado el fascismo.  El marasmo económico y social favorecí el surgimiento de ideologías y posturas extremistas de cualquier signo.  Las izquierdas se unían en Frentes Populares, en los que convergían la izquierda burguesa y el comunismo.  En España, el Frente Popular se asemejaba a los europeos, aunque debemos matizar que en su formación no tenía gran importancia el comunismo, ya que el comunismo español, a diferencia del francés, contaba con efectivos más reducidos y eran, en parte, de procedencia anarquista.
Hemos hablado anteriormente de la deflación económica, de la reacción social con despidos y contrarreforma agraria, de los escándalos lerrouxianos, de las posturas de Alcalá Zamora, de los equívocos en torno a Gil Robles...
Sobre este telón de fondo debe verse el nacimiento del Frente Popular, la coalición electoral de republicanos y socialistas que habría de triunfar en las elecciones de febrero.  Pese a todas sus acusaciones de que las elecciones de noviembre de 1933 habían sido una añagaza, la izquierda sabía perfectamente que había sido derrotada por su propia falta de unidad.  Ahora había que crear nuevamente esa unidad sobre la base de un programa de amnistía para los rebeldes de octubre, un acuerdo mínimo sobre un programa de reforma social y educativa, y la libertad para las organizaciones de la clase obrera, todo lo cual debía ser realizado por un gobierno de la izquierda republicana, apoyado por los votos socialistas.
El inspirador del Frente Popular, en el que venía ya pensando y trabajando desde la primavera de 1935, era Manuel Azaña.
Azaña había hecho un análisis bastante acertado de los resultados de las elecciones de 1933.  La ruptura de la coalición de las izquierdas les había pasado factura y provocado un desastre; por esa causa, el sistema electoral creado por ellos -basado en las coaliciones- se había vuelto contra ellos mismos.
Apreciando el error, Azaña se lanzó a remediarlo en el futuro.  Primero había que reconstruir los partidos de la izquierda burguesa.  Lentamente fueron limadas las diferencias de personalidad, ya que sus ideologías no variaban mucho.
Pronto se fusionaron la O.R.G.A. de Casares Quiroga y los radicales socialistas independientes de Marcelino Domingo con la Acción Republicana de Azaña, originando la Izquierda Republicana.
Por otra parte, el Partido Radical Socialista Ortodoxo de Gordón Ordás se fusionó con el grupo de los radicales demócratas de Martínez Barrio, dando lugar a Unión Republicana.
Para captar al mayor número de intelectuales, Felipe Sánchez Román fundó el Partido Nacional Republicano.  Bajo el manto constitucional y democrático tejido por Azaña, el primero de abril de 1935 firmaron un "manifiesto de Conjunción Política" la Izquierda Republicana, la Unión Republicana y el Partido Nacional Republicano.
Quedaban, pues, unidas todas las izquierdas republicanas, lanzándose a una campaña que parecía electoral y que hacía presumir el triunfo del Frente Popular.
El eje de todo ello fue Azaña, quien pronunció una serie de discursos ante auditorios cada vez más numerosos, proponiendo un retorno al programa del primer bienio: una reforma agraria más rápida, remediar el crecidísimo paro, terminar con la corrupción y la represión características de la época de Lerroux...
Ésta era la conclusión de la Internacional Comunista: todas las fuerzas republicanas de izquierda, socialistas y comunistas debían formar un Frente Popular para oponerse al fascismo, enemigo más inmediato y virulento que el capitalismo.
En este momento cabía preguntarse: ¿se unirían los partidos obreros españoles a las izquierdas republicanas burguesas organizadas por Azaña?  ¿Serían capaces los partidos obreros de unirse entre sí?

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