8 ago. 2012

LA DERROTA DE LAS IZQUIERDAS Y EL FRACASO DE AZAÑA (V)

La campaña de Gil Robles evitó la cuestión de república contra monarquía, sosteniendo que las formas de régimen eran accidentales (coincidía así con lo afirmado por León XIII y los católicos liberales franceses del siglo XIX); lo importante para los católicos era la posición de la Iglesia, y no la forma republicana del régimen.  Este revisionismo legal y esta fidelidad explícita a la República disgustó a ciertos conservadores y a los monárquicos.  El "accidentalismo" perjudicó a Gil Robles más de lo que pudo beneficiarle, porque hizo que sus propias intenciones como dirigente de un partido independiente se confundieran con las de los aliados entre los conspiradores monárquicos.  Aunque argumentara en favor de las soluciones legales, la confusión persistiría.  Contrario a la violencia, Gil Robles era menos claro acerca de las condiciones que podían justificar el empleo de la misma por parte de otros, mientras que su visión última del Estado, como la de sus enemigos socialistas, no era la de los liberales demócratas ortodoxos, sino que contenía las ideas (entonces en boga) acerca de un órgano legislativo corporativo.
Los socialistas y republicanos de izquierda presentarán a Gil Robles como un contrarrevolucionario, como un atacante burdo e ilegal de la República, y, aunque éste desprecia el fascismo y la "estadolatría", será denunciado como fascista.  Sin embargo, el lenguaje de los jóvenes partidarios de Gil Robles y su deseo de implantar un Estado corporativo hacen que los socialistas ataquen a los de la CEDA en términos como éstos:  "Los clericales, capitaneados por un grupo de mujeres desocupadas, desean derribar la República creada con la sangre del pueblo..."
Gil Robles se presenta como un defensor de los derechos de la Iglesia ultrajada, del derecho de mantener sus centros de enseñanza, las órdenes religiosas, la indisolubilidad y santidad del matrimonio, los haberes del clero, las relaciones con el Vaticano...  Es lógico suponer que ante una República que había iniciado una reforma agraria y del ejército (con la oposición de la mayoría de sus miembros), así como la vigorizació de los "jurados mixtos", los seglares católicos que dirigían la coalición de la CEDA se encontrasen apoyados y sostenidos económicamente por las fuerzas financieras, los grandes empresarios y propietarios rurales, así como por la burguesía.  Estos mismos sectores que están detrás del partido católico y de la subversión monárquica sostendrán con más o menos intensidad, según las épocas y sus probabilidades de éxito, a los incipientes brotes extremistas de la derecha.
Gil Robles, no obstante, como pronto se verá, trataría de desasirse de sus aliados más extremistas.  Se preveían, pues, formas más cruciales de oposición.

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