2 ago. 2012

GENERACIÓN DEL 98: ANTONIO MACHADO

No podemos concluir este somero repaso a la generación del 98 pasando por alto a Antonio Machado.  
Nace en Sevilla en 1875.  Alumno en Madrid de la Institución Libre de Enseñanza, se marcha, junto con su hermano Manuel, a París en 1899, adonde volvería en varias ocasiones a lo largo de su vida.  En 1909 se casa con Leonor, quien muere tres años después. Para entonces, el autor ya había publicado "Soledades", "Soledades, galerías y otros poemas", así como el libro que le consagrará: "Campos de Castilla".  Pasa por Baeza y Soria y colabora en revistas.  En 1926 firma el llamamiento de la Alianza Republicana.  Elegido académico, comienza su amor con Guiomar.  Sigue publicando obras como "Juan de Mairena", "El crimen fue en Granada", "La guerra"...  El 22 de febrero de 1939 muere en Colliure (Francia) cuando huía del Franquismo.
Machado, poeta de honda calidad, es el joven lírico del 98 que no siguió la senda de Rubén Darío.  Ya desde el comienzo, Machado carece de brillo, de retórica y de magnificencia, como los modernistas; es sobrio, ideológico y desnudo; como él dice, la palabra no es un valor fónico, sino una "honda palpitación del espíritu... en respuesta animada al contacto del mundo".  La íntima voz humana, con su propio sentimiento varonil y con el hombre sencillo como tema central, le llevan a decir en 1902:

Son buenas gentes que viven
labran, pasean y sueñan,
y en un día como tantos
descansan bajo la tierra.

El dolor, el pesimismo, la abulia, la nostalgia del pasado en doloroso presente laten en su poesía (porque la poesía es lo único que diferencia a Machado del grupo del 98):

Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus andrajos, desprecia cuanto ignora.

Y el paisaje de este poeta andaluz inspirado en Castilla:

Campo de Soria, 
donde parece que las rocas sueñan.

O bien:

Páramos que cruza el lobo
aullando a la luna clara,
de bosque a bosque; baldíos
llenos de peñas rodadas
donde, roída de buitres,
brilla una osamenta blanca;
pobres campos solitarios
sin caminos ni posadas.

Como en los otros del 98, el paisaje se convirtió en personaje esencial:

La hermosa tierra de España, 
adusta, fina y guerrera,
Castilla...

Machado va más lejos; es un caso señero, de esos que se dan una vez por siglo.  Capaz de captar la múltiple circunstancias histórica, social, geográfica, cultural, su obra abre caminos y va por delante de un tiempo.  Machado enfocará también el tema de las dos Españas:
Las España de ayer:

La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu y alma quieta
...
esa España inferior, que ora y bosteza,
vieja y tahur, zalagatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste, 
cuando se digna usar de la cabeza.

La España que faltó a su misión histórica:

...aquella España que pasó y no ha sido,
esa que hoy tiene la cabeza cana.
Y es hoy aquel mañana de ayer... Y España toda,
con sucios oropeles de Carnaval revestida
aún la tenemos: pobre, escuálida y beoda;
mas hoy de un vino malo: la sangre de su herida.

La España que nace:

Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.

Pero para que surja esta España:

Hay que acudir, ya es hora, 
con el hacha y el fuego al nuevo día,
oye cantar los gallos de la aurora.

Machado no es de este o aquel grupo, de esta o aquella generación.  Machado es de España entera.

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