12 ago. 2012

ESTABILIZACIÓN DE LOS FRENTES (IV)

En el norte, en la región gallega y en la ciudad asturiana de Oviedo, conquistada por el coronel Aranda el 20 de julio, los nacionales tuvieron que afianzar sus victorias iniciales a consecuencia de que contingentes de mineros revolucionarios y de obreros armados organizaban guerrillas que atacaban a los convoyes ferroviarios de aprovisionamiento.  Mientras tanto, el 19 de habían unido en Pamplona unos millares de voluntarios carentes de instrucción militar, para formar varias columnas.  Así se formaron las de García Escámez, Ortiz de Zárate, Beorlegui, Los Arcos Becerra, Tutor, Cayuela, Gual, Duñabeitia, Iruretagoyena y otras más, cuyos hombres carecían de los conocimientos mínimos sobre lo que debía ser un ejército, por lo que fue lógico que las operaciones durante los primeros día de la campaña del País Vasco constituyeran un fracaso.
Sin embargo, a pesar de esta desventaja y de la gran superioridad de las milicias marxistas, que contaban con el mar, por donde podían ser auxiliadas por los barcos gubernamentales; con la frontera francesa, por donde recibían voluntarios y armamento extranjero, y con el apoyo de los dos focos importantes de San Sebastián y Bilbao, veremos que finalmente los nacionales arrebatarían a las fuerzas republicanas sus posiciones.
Mola preparó la campaña de ofensiva dividiendo sus fuerzas en dos grupos.  Mientras que envió un primer cuerpo de ejército hacia el sur, con el objetivo de conquistar Madrid, pero que tuvo que quedarse en las estribaciones montañosas, dirigió el otro hacia las ciudades de Irún y San Sebastián y hacia el Pirineo occidental, con el objetivo de cerrar la frontera francesa, por donde el enemigo recibía ayuda constante.  Para ello era necesario la conquista de Irún, del campo de Oyarzum y de la capital donostiarra.
Las operaciones militares del ejército de Mola en el País Vasco duraron desde el 22 de julio hasta el 13 de septiembre, período en el cual se intentó varias veces la toma de San Sebastián.  Primero se conquistó Tolosa, nudo importante de comunicaciones  ferroviarias; después el histórico campo de Oyarzum, en donde por vez primera aparecen oficiales extranjeros, franceses y belgas, como instructores militares de las desorganizadas milicias marxistas.
Al mismo tiempo Franco, que había conquistado Badajoz, envió a la segunda Bandera de la Legión, compuesta por unos 700 hombres y una batería de cañones, para reforzar al coronel requeté Beorlegui, quien se disponía a atacar Irún.  Éste, con sus tropas, que incluían legionarios, carlistas, falangistas y guardias civiles, ocupó las colinas que rodean la ciudad, mientras los milicianos que la defendían recibieron, a su vez, la ayuda de varios centenares de catalanes que habían venido a través del sur de Francia, entrando de nuevo en España por Hendaya. El 5 de septiembre Beorlegui tomaba Irún, incendiada y destruida por los anarquistas en su huida hacia territorio francés.
Con la conquista de esta población, San Sebastián quedaba indefensa ante las tropas nacionales.  En efecto, Beorlegui, tras varios intentos, pudo apoderarse de ella.  La mayoría de los milicianos que la defendían se retiraron a Bilbao.
Tras su conquista el 13 de septiembre los nacionales establecieron en la ciudad un gobierno provisional y emprendieron el avance por la línea del río Deva, con intención de preparar el cerco de Bilbao; pero el agotamiento del ejército y la aparición en el puerto de Deva de buques de la armada con ayuda que las milicias asturianas traían a los sitiados hizo desistir a Mola.  Las necesidades le obligaron a fijar el frente en esa población marinera, donde permanecería hasta que la situación le permitiera reiniciar la marcha hacia Bilbao.  A pesar de que se había cerrado a los republicanos vascos la frontera con el país vecino, quedaba todavía gran parte de la zona cantábrica fuera de control (Vizcaya, Cantabria y Asturias).

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