12 ago. 2012

ESTABILIZACIÓN DE LOS FRENTES (III)

Pero mientras en el frente de la sierra madrileña, debido a lo accidentado de su terreno montañoso, se dieron dos confrontaciones bélica de importancia, que fijaron inamoviblemente las posiciones de los bandos a uno y otro lado, el catalano-aragonés se caracterizó por un gran número de pequeñas acciones, debido también a las peculiaridades de un terreno llano.  Fue una línea de frente muy fluida, que podemos establecer de este modo: partiendo del Pirineo pasaba por Pueyo de Jaca, curso alto del río Gállego, cruzaba la sierra de Guara en dirección a Huesca, dando un rodeo de un kilómetro, de forma que dicha población quedaba dentro de la zona nacional, dejaba a un lado el pueblo de Tardienta, atravesaba la sierra de Alcubierre junto al mismo paso de la carretera y, cruzando a veinte kilómetros de Zaragoza, se dirigía hacia el Ebro por Alfajarín, Villafranca y Belchite; a partir de ahí daba un rodeo hacia la izquierda desde Vivel a Caminreal, y subiendo Sierra Palomera llegaba a Teruel y seguía a Albarracin, Orihuela y Molina de Aragón.  Las guarniciones de este frente estaban en Jaca, Huesca, Zaragoza, Calatayud y Teruel, pero a lo largo de ellas había focos no controlados del todo, debido quizá a la poca fuerza que tuvo en ellos el triunfo de la sublevación.
Sin organización, sin plan táctico y sin disciplina, las milicias catalanas tenían sólo a su favor la aplastante superioridad numérica que les permitió dominar la situación, estableciendo una lucha constante y sin cuartel, aunque desprovista de gestas y de movimientos brillantes.  Era una guerra sin artillería, sin planes, sin reconocimientos, sin frentes definidos.  Al igual que en Madrid, las milicias estaban organizadas en columnas de tamaño variable, según los diferentes partidos del Frente Popular. Los anarquistas eran numéricamente los más importantes; pero asimismo había columnas del antiestalinista Partido Obrero de Unificación Marxista (P.O.U.M.) de la Esquerra y de los recientemente unificados partidos socialistas y comunistas (P.S.U.C.)...  En Huesca, que estaba en poder de los insurgentes y sitiada por los catalanes, los falangistas y anarquistas se gritaban insultos antes de luchar con granadas y a la bayoneta en el cementerio de la ciudad.  Y sin embargo, todo el mundo observaba la siesta al mediodía...
Desde los primeros días del Alzamiento hasta el fin de aquel año de 1936, se combatió en todas las líneas del frente sin grandes resultados por parte de los gubernamentales, por lo que los mandos de Barcelona, que necesitaban una victoria que les sirviera de propaganda, ordenaron el ataque sistemático a Huesca hasta que ésta cayese.  Sin embargo, a pesar del empeño, Huesca resistió.
Durante el mes de octubre se produjo una reacción en el mando nacional, que, distrayendo su atención del frente del Norte, envió arte de las tropas destinadas allí hacia el aragonés, iniciando una serie de ofensivas.  En noviembre y diciembre se continuaron los ataques, estabilizándose el frente y fijándose las posiciones que se mantendrían hasta la segunda mitad del año siguiente.

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