9 ago. 2012

EL BIENIO DE CENTRO-DERECHA 1934-1936 (III)

En medio de una atmósfera de inquietud entre las izquierdas y las derechas, el gabinete de Lerroux entró en crisis en abril de 1934.  El presidente de la República intervino con una postura vacilante y escrupulosa, intentando vetar el proyecto de ley que buscaba conceder la amnistía al general Sanjurjo y a sus compañeros del pronunciamiento de agosto de 1932.  Alcalá Zamora sostenía que no podían quedar impunes, porque ello animaría a los conspiradores; pero al fin firmó el decreto de amnistía.  Lerroux, enfurecido, dimitió.  En vez de llamarse a gobernar a Gil Robles, se apeló a un radical de segundo orden, Ricardo Samper.
Durante este gobierno se iba a experimentar una crisis grave.
Mientras duró la entente Azaña-Maciá, las relaciones entre Madrid y Barcelona fueron buenas.  En noviembre, como hemos visto, el triunfo radical-cedista significaba un viraje hacia la derecha en la política nacional.  Sin embargo, las elecciones de enero de 1934 para la Generalitat habían demostrado que Cataluña seguía deslizándose hacia la izquierda.
Maciá murió a finales de 1933, y le sucedió en la presidencia de la Generalitat Lluis Companys, quien iba a gobernar con un sentido aún más autonomista e izquierdista, mientras el gobierno de Madrid lo hacía con un sentido centralista y derechista.  La Generalitat, pues, se convertía en "bastión de la República" izquierdista.  Companys apoyó las reivindicaciones sociales de sus correliguinarios de la Esquerra: empleados (C.A.D.C.I.) y arrendatarios (rabassaires).  Una ley de Cultivos convirtió en obligatoria, en ciertos casos, la cesión de tierras a los arrendatarios deseosos de adquirirlas.  Los terratenientes (representantes de la Lliga) se quejaron al gobierno de Madrid para que llevara el caso al Tribunal de Garantías Constitucionales.  El gobierno de Samper replicó que la Generalitat había rebasado las atribuciones que le reservaba el Estatuto.  Desde el gobierno catalán se replicó afirmando que tenía derecho a legislar en materias de política social agraria.  El Tribunal de Garantías dio la razón a los terratenientes de la Lliga y anuló la ley.  El Parlament la votó de nuevo.  El problema irritaba a unos y a otros, mientras Samper y Companys negociaban.
Al problema catalán vino a sumarse el vasco.  El gobierno de Azaña, por temor al clericalismo y a la reacción católica del País Vasco, había tratado de distinta manera a catalanes y vascos; se desechó en sendas ocasiones los proyectos vascos de Estatuto de Autonomía: de ahí que los vascos fueran un partido de oposición a las izquierdas.  Pero con el triunfo de la derecha, la posición del gobierno seguía siendo hostil a su autonomía local y a los socialistas vascos.  Ello provocó la alianza de Prieto y José Antonio Aguirre entre la izquierda anticlerical y los católicos vascos, que se robusteció con el apoyo comunista encarnado por Dolores Ibárruri, La Pasionaria, que también daba entrada en su programa al nacionalismo vasco y publicaba un periódico en euskera.
Los vascos, pues, se agitaban y convocaban a elecciones municipales extralegales; éstas llegaron a realizarse, pero provocaron docenas de detenciones.
Mientras las posiciones de los elementos más activos se radicalizaban, grupos de trabajadores socialistas, por un lado, y de jóvenes falangistas, por otro, usaban las tardes de los domingos de 1934 para realizar ejercicios preliminares en el Parque del Oeste de Madrid.  Los incidentes eran frecuentes.  En uno de éstos un falangista fue golpeado hasta la muerte.  La reacción no se hizo esperar:un grupo de obreros socialistas fue tiroteado, resultando un muerto y dos heridos.
Con las vacaciones parlamentarias del verano de 1934 se produjo un paréntesis en la actividad política.  Se presagiaba un otoño agitado, y algunos dirigentes aprovecharon el verano para realizar giras.  Gil Robles visitó una fundición de acero en Bilbao y anunció una arenga pública en Covadonga.  Los trabajadores de Oviedo y Gijón protestaron con huelgas y sembraron la carretera de Covadonga con tachuelas.  El discurso de Gil Robles tachó de traidores a los socialistas y comunicó que su partido iría al poder.
Mientras tanto, Indalecio Prieto, el principal velador socialista de la alianza con la izquierda burguesa, demostraba ser militante proletario mediante la introducción de armas de contrabando en Asturias.  Compró un depósito de armas embargadas en Cádiz desde 1932, procedentes de unos revolucionarios portugueses que pretendían derribar a Oliveira Salazar, y a los pocos días eran desembarcadas en el puerto asturiano de Pravia.  Luego, Prieto eludió con habilidad la policía y huyó a Francia.

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