7 ago. 2012

AZAÑA Y LOS SOCIALISTAS EN EL PODER (V)

La destitución molestó al general Sanjurjo, nombrado jefe de los carabineros (cargo menos importante).  Aunque era leal a la República, no admitía que se desprestigiase a la Guardia Civil.  De él se dijo que era "un hombre sincero, agradable y sentimental, pero no de gran discreción ni ideas claras"
Monárquicos, alfonsinos y carlistas, como Fal Conde y el conde de Rodezno, convencieron a Sanjurjo para que se rebelara, porque el país le seguiría incondicionalmente.  Estaban implicados en el levantamiento los generales González Carrasco y Ponte y los coroneles Varela, Martín Alonso, Valentín Galarza, Heli Rolando de Tella y algunos otros.  La "Sanjurjada" resultó un fracaso; el gobierno estaba al tanto de lo que ocurría, y no fue sorprendido.  La falta de decisión del general en Sevilla, pensando en lo incierto del resultado, le hizo huir, siendo detenido en Huelva antes de cruzar la frontera portuguesa.
La pena de muerte le fue conmutada.  El 10 de agosto de 1932 Sanjurjo entraba en la cárcel, y 145 de sus colaboradores monárquicos eran deportados a Villa Cisneros.

Los problemas sociales, tanto en su vertiente agraria como en la del Movimiento Obrero, ya ha sido tratados en capítulos anteriores.  No obstante, traemos ahora a colación algunos datos para su mejor encuadre en el "nuevo orden republicano".
La segunda República no proclamó una revolución social, y el lenguaje de la reforma legal siempre privó sobre la revolución proletaria.  Fueron los socialistas los que con insistencia preconizaron abundantemente un régimen de justicia social. Éstos presionaron desde dentro para conseguir una legislación laboral favorable a los trabajadores, administrada por los propios socialistas, metidos en el gobierno.
Largo Caballero era ministro de Trabajo, contando con un largo historial como dirigente sindical.  Pronto aparecieron decretos sobre seguros de enfermedad, vacaciones pagadas, jornada de ocho horas, salarios mínimos...  Las comisiones mixtas,en las que los obreros estaban bien representados, arreglarían la conflictividad laboral.  El control de todo esto sería llevado por los socialistas, con lo que se sentían optimistas ante la posibilidad de conseguir un partido de masas y la UGT aumentaba en número y poder.
Esto resultaba desafiante para la CNT, ya que los anarquistas se veían en desventaja. Los socialistas desconfiaban de la CNT. y la atacaron por carecer de "sensibilidad socialista" (reformista), al tiempo que consideraron a los anarquistas y sindicalistas como sus mayores enemigos.
Decretos dirigidos al medio rural, como la ley de Términos Municipales (prohibiendo el empleo de trabajadores inmigrados y privando de este recurso a los propietarios para hacer frente a las huelgas) y el decreto sobre el "laboreo forzoso" (los propietarios deberían seguir cultivando sus tierras), aparte de representar una revolución para la vida rural española, significaban que la lucha decisiva debía librarse en el campo, donde ya las ambiciones de los campesinos iban más allá de las posibilidades del Estado y de la economía.
La reforma agraria, que todos (al menos en apariencia) juzgaban necesaria y urgente, era algo inevitable; era, además, la única reforma de estructuras formalmente prometida y el "leit-motiv" de la segunda República.

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