7 ago. 2012

AZAÑA Y LOS SOCIALISTAS EN EL PODER (IV)

La cuestión de las Fuerzas Armadas estaba también planteada.  Azaña siguió con las reformas militares, en su deseo de "republicanizar" el ejército.  Creó un cuerpo de suboficiales, a los que se daba más responsabilidad, así como un cuerpo auxiliar de técnicos (CASE).
Tomó otra serie de medidas, con las que la opinión militar se mostró más disconforme: redujo el número de academias militares de cinco a dos; subordinó los  tribunales militares al Tribunal Supremo civil... Muchos vieron un ataque al espíritu castrense en el hecho de que se obligara a los militares a pasar por unos estudios universitarios.  Como el ejército había sido reducido a menos de la mitad, también se pasó a la reserva a los generales sin nombramiento en los últimos seis meses.  Con esta medida, el gobierno se liberaba de generales considerados "hostiles" a la República, como Mola, Saliquet, Orgaz, Millán Astray y González de Lara.  
Otro caso espinoso fue el de la Guardia Civil.  Creada hacía casi un siglo, había cumplido muy bien su cometido para combatir el bandidaje en los caminos.  A partir de la segunda mitad del siglo XIX se extendieron sus funciones a la de mantener el orden público, interviniendo en los desórdenes en los medios rurales y urbanos.  En esta situación, la Guardia Civil era vista por ciertos sectores populares como un cuerpo hostil de 25.000 hombres bien armados.
Debido a su eficacia, el ministro de la Gobernación siempre la había protegido.  En abril de 1931 su jefe era el prestigioso general José Sanjurjo, quien, aunque había declarado su lealtad a la República, no podía evitar que las multitudes gritaran "¡Abajo la Guardia Civil!", ni que gran parte de sus miembros tuvieran sentimientos monárquicos.
El nombre de dos pueblos, Castilblanco y Arnedo, sensibilizaron a la opinión pública de todo el país.
La España rural estaba sufriendo un agudo paro obrero y una gran tensión social.
El 20 de diciembre de 1931 los campesinos del pueblo extremeño de Castilblanco se manifestaron pacíficamente pidiendo trabajo.  La Guardia Civil disolvió la manifestación de forma también pacífica.  El día 30, los campesinos volvieron a manifestarse sin incidentes, para pedir el traslado del jefe local de la Guardia Civil.  El día 31, el alcalde, que no permitió manifestaciones, envió a la Guardia Civil a hablar con el presidente de la Casa del Pueblo para que fuera cancelada la manifestación prevista para ese día.  mientras tanto, un grupo de mujeres insultó a los cuatro guardias encargados de la gestión e intentó penetras en la casa. Tratando los guardias de impedirlo, se produjo un disparo, y una muchedumbre de irritados campesinos cayó sobre los cuatro hombres, que fueron linchados sin piedad.  El país se estremeció de horror.  El ministro de la Gobernación, Casares Quiroga, asistió al entierro y declaró públicamente que la conducta de la Guardia Civil había sido intachable.
El doctor Marañón escribió en "El Sol" que este hecho podía ser comparado con el narrado por Lope de Vega en su famoso drama "Fuente Ovejuna", en el cual un grupo de aldeanos asesinan a un odiado comendador particularmente cruel.  Cuando los jueces reales les preguntaron quién mató al comendador, los aldeanos contestaron unánimemente: "Fuente Ovejuna, Señor".
Los dirigentes locales fueron juzgados y el tribunal pronunció seis sentencias de muerte, conmutadas por cadena perpetua.
En Arnedo, el 5 de enero de 1932, otra multitud prorrumpió en gritos contra la Guardia Civil, insultándoles y pidiendo su disolución.  Como resultado del incidente, murieron seis personas, de ellas cuatro mujeres y un niño, y dieciséis resultaron heridas de diversa consideración.  Un mes después, Sanjurjo era destituido y sustituido por el general Cabanellas.  Aparecieron críticas públicas contra el ejército y la Guardia Civil; los incidentes menudeaban, y la tensión, como en el caso de la problemática religiosa, presagiaba tiempos difíciles.

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