7 ago. 2012

AZAÑA Y LOS SOCIALISTAS EN EL PODER (IX)

Debemos también subrayar otros aspectos favorables de la situación económica española: los salarios aumentaron en general en los años que van desde 1931 a 1935, mientras que el coste de la vida permaneció estable; la alimentación fue un capítulo barato en el presupuesto familiar; la producción "per capita" de cereales, verduras y pescado fue superior a cualquier otra época; la industria textil se mantuvo, y se expandió la industria eléctrica y alimentaria; hubo una gran actividad en todos los ramos de la construcción; los presupuestos fueron menos deficitarios que durante la Dictadura y los ingresos del gobierno aumentaron.
Completando lo dicho sobre la reforma agraria, aunque los salarios aumentaron (de tres a cinco pesetas la jornada media) y los precios de arrendamiento bajaron, cayó el precio de las tierras y cierto número de explotaciones fueron abandonadas, con lo que el paro aumentó (si bien una cuarta parte inferior al de Estados Unidos y Alemania -qué tiempos...).  Simultáneamente al paro, aumentó el número de huelga: tres y diez veces más en 1933 que en 1931 y 1928, respectivamente.  Motivos políticos, más que demandas económicas, intervinieron en todas estas huelgas. 
En Andalucía, pese a la competencia socialista, siguió privando el anarquismo, y la agitación recobró sus formas clásicas: ocupaciones, talas, cazas furtivas, incendios y conflictos cotidianos con la Guardia Civil, entre los que destacan los de Castilblanco, Arnedo y Casas Viejas.
También Azaña utilizó la Guardia de Asalto como elemento represivo, y no vacilaba en escribir lo siguiente:

"El capitán general de la IV Región ha recibido de mí, personalmente, la orden de enviar a la zona donde se ha producido el levantamiento las fuerzas necesarias para aplastarlo. Le he dicho al general que no le doy más de quince minutos entre la llegada de las tropas al lugar de los sucesos y la extinción de éstos."

Ya hemos dicho que la reforma agraria no había conquistado el alma de los campesinos; al contrario, en 1933 la masa agraria se desviaba en la República para unirse al Movimiento Obrero en las filas de la oposición.  Los proyectos republicanos, aunque molestasen a las clases más poderosa, llegaron a ser compatibles con el capitalismo ortodoxo.  No se pensó en soluciones parecidas a la colectivización soviética,pero sí se suscitó temor y desconfianza en los capitalistas.  Esta relativa contradicción no podía ser duradera.  Pronto se vio que la UGT frenaba cualquier intento de la CNT, con lo que los anarco-sindicalistas trataron en seguida al PSOE y a la UGT de "amarillos" y "esquiroles".
El sindicalismo pasaba de las manos de los moderados Pestaña y Peiró a las de la Federación Anarquista Ibérica (FAI), que redactaba el diario sindical "Solidaridad Obrera", mientras el anarquista Durruti esperaba hacer de la Barcelona obrera "la capital espiritual del mundo".
La presión anarquista era vital a la hora en que los socialistas no se atrevieron a mantener ninguna alianza con Azaña.  Los socialistas perdieron muchos votos en las elecciones de noviembre de 1933, y la abstención anarquista aseguró a las derechas un éxito de proporciones inesperadas. Así moría la República reformista, entre otras cosas por intentar reformar España sin dar inmediatas satisfacciones a la masas agrarias y por defender a la República luchando contra el sector obrero más fuerte.
Todas las pruebas de que disponemos tienden a demostrad que la agitación social de la época republicana tuvo más bien motivos políticos que económicos.  En los años en que Azaña gobernó, la joven República no logró resolver el problema agrario, pero si se tienen en cuenta los varios problemas resultantes de la presión mundial, la actuación del gobierno español puede ser comparada muy favorablemente con la de muchos Estados democráticos y experimentados.

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