12 jul. 2012

UNIÓN GENERAL DE TRABAJADORES /UGT) (I)

A comienzos del siglo contaba ya con 26 secciones y 26.088 afiliados, pasando sólo cuatro años más tarde a 363 secciones y 55.817 afiliados.  El desarrollo del proceso reivindicativo sindical había de traer numerosos problemas a la Unión, ya que ésta trataría de distinguir por su propia estructura entre huelgas, podríamos decir, legales (legalidad del partido, se entiende) e ilegales.
Esta distinción les trajo controversias.  Veamos un ejemplo: 1901 , año de conflictos en todo el país, con huelgas generales en Gijón, Sevilla y La coruña y huelgas sucesivas en Barcelona, dará paso en 1902 a la huelga general de Barcelona.
El conflicto se había iniciado con la huelga de los metalúrgicos a finales de 1901.  Al comenzar el nuevo año, se suman a las huelgas sucesivamente los canteros, los obreros textiles, los tranviarios, llegando a declararse la huelga general el 14 de febrero.  La respuesta gubernamental, que no se había hecho esperar, ya que desde el primer momento se practicaron numerosas detenciones, es declarar el estado de guerra y la clausura de los locales obreros.  El nuevo estado de cosas agravó la situación, pues fueron pródigos los enfrentamientos entre huelguistas y fuerzas del orden público.  Sin embargo, el día 24 todo el mundo había vuelto al trabajo sin conseguir ninguna de sus reivindicaciones.  La huelga había fracasado.  ¿Por qué?  Por numerosas razones, entre ellas la total negativa de apoyo del Partido Socialista, no sólo al núcleo catalán, sino impidiendo que la huelga se extendiera a los núcleos dominados por los socialistas (Madrid, Vizcaya y Asturias).  ¿Motivos?  Uno fundamentalmente: la huelga había sido dirigida (en sentido teórico, pues al parecer no hubo dirección ni nada que pudiera parecerlo) por  los centros anarquistas.  En tan mal lugar quedó el Partido Socialista, incluso dentro de la propia Internacional, que se sintió obligado a dirigir una circular a todos los partidos socialistas, justificando su actitud.  No logró sus objetivos.  El artículo apareció en "Le Mouvement Socialiste" de París, y decía:  "Es posible que el movimiento anarquista haya tenido su parte de influencia en los disturbios.  ¿Qué importa eso?  Hay unos obreros que se han puesto en huelga, hay obreros que ha resultado muertos.  Eso debiera ser suficiente para que un socialista estuviese de todo corazón con ellos...".
Sin embargo, y a pesar de que los socialistas  no tenían demasiada fe en huelgas en las que los objetivos a lograr no estuvieran demasiado concretos, la propia dinámica del Movimiento Obrero les llevaría a tener que tomar partido a favor de los huelguistas sólo cuando sus dirigentes formaban parte de la Unión General de Trabajadores (U.G.T.).  Así ocurría en la huelga de Bilbao del mes de octubre de 1903.  Como vimos anteriormente, la huelga de 1890 había sido solucionada gracias al llamado "Pacto de la Loma".  La Patronal había renunciado a los barracones y a las tiendas, y los barracones seguían funcionando.  A esto se unió una petición: los obreros querían cobrar semanalmente, en lugar de por quincenas o por meses, ya que estimaban que así, dados sus escasos recursos podían organizar mejor su precaria economía doméstica.  Las peticiones dirigidas al Círculo Minero (organización de la Patronal) fueron rechazadas en pleno, a la vez que se recusaba a los socialistas como portavoces de la masa obrera y se señalaba el camino que debían seguirlos obreros: dirigirse individualmente a cada patrón.  Tras la negativa del círculo a la mediación del gobernador, los obreros decidieron ir a la huelga, que se convertiría en general a los pocos días.  A partir de este momento, la situación en Bilbao es la típica en estas circunstancias: enfrentamientos, asaltos a los mercados, barricadas para impedir el paso de la caballería, etc.  Quizá la nota más destacada fue la unión a los huelguistas de buena parte de la población.
La situación, hábilmente explotada por el gobierno, fue zanjada por el general Zappino mediante la publicación de un bando, que los patronos consideraron como un atentado a sus "sagrados" derechos individuales.
El bando supuso un triunfo para los huelguistas, ya que en él se establecía, entre otras cosas, la prohibición total de obligar a los obrero a habitar en determinados barracones y de proveerse en tiendas fijas.

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