21 jul. 2012

PRIMERA GUERRA MUNDIAL: UNA OPORTUNIDAD PARA ESPAÑA

La Primera Guerra Mundial ofreció a la industria española una excepcional oportunidad para situarse en un plano de competencia con las potencias extranjeras.  el colapso de las importaciones y la acumulación de capitales confluyeron durante todo el conflicto bélico para crear una coyuntura extraordinaria.  La demanda de máquinas tuvo que orientarse hacia el mercado interior; la oferta pudo trabajar sin competencia.  El peligro de la falta de materias primas, por las grandes exportaciones al extranjero, fue conjurado por la ley del 1º de mayo de 1917, que prohibía la salida del hierro manufacturado y del acero hasta que el mercado nacional quedase abastecido.  Por otra parte, la escasez de carbones ingleses significó la promoción de la industria hullera asturiana.  En todos los órdenes los resultados alcanzados fueron muy notorios, aunque no se sacara el provecho que cabía esperar remozando instalaciones industriales y sentando unas firmes bases a la industria pesada.  La industria nacional, sin necesidad de proteccionismos, campeó en toda España, y sus productos fueron recibidos sin reparar en su calidad; al propio tiempo, muchos países europeos, americanos, africanos y asiáticos abrieron sus puertas a los fabricantes españoles.
Los precios del carbón se dispararon y, en este sentido, cualquier esfuerzo resultó rentable.  Es sintomático que la producción de carbón español pasara de 4.200.000 toneladas en 1913 a 7.500.000 en 1918; y ello no fue debido al perfeccionamiento del utillaje, sino al empleo de personal extra, que pasó de 30.000 a 60.000 obreros.
En este período, la compañía de ferrocarriles M.Z.A. y la Compañía de Caminos de Hierro del Norte se pusieron de acuerdo con la Maquinista Terrestre y Marítima de Barcelona, para el establecimiento de un gran taller de locomotoras, ya que era imposible importarlas en estos momentos.  El ejemplo fue seguido por los fabricantes vascos Babcock & Wilcox y Euskalduna, cortando, de este modo, la gravosa dependencia del extranjero.  Sin embargo, todavía hubieron de importarse más de 200.000 toneladas de acero y hierro en carriles durante el período de 1921 a 1930; el progreso lo hizo inevitable.
Un proceso similar se registra en la industria siderúrgica, a pesar de que la obtención de mineral de hierro descendió a la mitad entre 1913 y 1918.  Pero lo que es significativo fue que las instalaciones sólo incrementaron su producción en un 50%, siendo su rendimiento anual de un 500%.  Dicho en números, la producción pasó de 666.600 toneladas en 1913 a 827.000 en 1918, y el rendimiento de las instalaciones, de 77 millones a 340; o lo que es casi lo mismo, en estos momentos en que las importaciones ceden, la tonelada de hierro y acero alcanza precios fabulosos, pues de 115 pesetas por tonelada se pasó a 438 pesetas, lo que constituye otra de las causas que intervienen en el enriquecimiento contemporáneo de Vizcaya.  Uno de los casos más significativos fue el de la industria naval.  La sociedad Astilleros del Nervión, la Compañía Euskalduna de Construcción y Reparación de Buques, Naviera Sota y Aznar y la Sociedad Española de Construcción Naval S.A., de Sestao, hicieron un esfuerzo decisivo para suplir el déficit causado por la guerra en la importación de naves.  En 1918 el registro de buques que se estaban construyendo en las atarazanas españolas ascendía a la cifra -antes inimaginable- de 185.660 toneladas.
También la maquinaria textil y los propios tejidos catalanes sacaron grandes ventajas de la situación bélica europea.  En 1914, sólo el 2,18% de los husos de hilar el algodón instalados en España (33.052 de 1.743.535) habían sido fabricados en el país.  En 1930, por el contrario, el porcentaje era ya del 9,74% (233.060 sobre 2.402.448).  Los proveedores ingleses es lógico que recelaran al ver amenazadas sus posiciones casi seculares.  Este proceso de modernización de fabricación de maquinaria estaba íntimamente ligado a los 600 millones de pesetas que representó el comercio de tejidos para Cataluña en el período de 1914 a 1919.  En 1914 se importaron 84.000 toneladas de algodón y se exportaron 5.400 toneladas de tejidos; en 1915 ya se importaban 143.000 toneladas y se exportaban 17.300 tejidos.
El contraste lo encontramos en la industria cochotaponera, y sobre todo en  la construcción de maquinaria y de material eléctrico.  Pese a que España contaba con la abundancia de materias primas imprescindibles (hierro, cobre y resinas), y pese a que hubo tentativas por parte de la Sociedad Española de Construcciones Electro-Mecánicas para la producción de cobre electrolítico, conductores y cables en sus factorías de Córdoba y Vizcaya, los resultados no fueron muy alentadores.  De 1926 a 1930 las importaciones de materiales eléctricos costaron aún 328.333.719 pesetas oro, cantidad equivalente al 18,7% de todo el valor de la producción minera española.  Podríamos decir que con el tendido de la red eléctrica la economía española perdió una ocasión comparable a la que antaño había perdido con el tendido de la red ferroviaria.

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