20 jul. 2012

MEDIDAS ECONÓMICAS PROTECCIONISTAS Y CAPITAL EXTRANJERO EN LA ESPAÑA DE COMIENZOS DEL SIGLO XX (II)

Respecto a las inversiones extranjeras en España debemos decir  que desde mediados del siglo XIX hasta 1936 nunca encontraron trabas en su actuación: el capitalismo extranjero podía invertir, transferir sus beneficios y realizar desinversiones con  la mayor de las libertades.  En España se da una escasa formación interior de capital y un insuficiente desarrollo de la técnica; por ello vienen los capitalistas ingleses, franceses, belgas, alemanes, etc... a invertir en España, pero no con la finalidad de promover el desarrollo económico del país, sino con el objetivo de explotar las industrias extractivas y exportar al extranjero las ricas vetas de nuestras minas.  Son las típicas inversiones extranjeras en los países subdesarrollados, guiadas por la demanda de los mercados internacionales.
Se ha calculado que las inversiones extranjeras en España, hasta 1914, totalizan unos 3.500 millones de pesetas, a los que había que unir unos 1.000 millones de Deuda Exterior del Estado, lo que da un total de 4.500 millones de pesetas, cifra que representaba el endeudamiento de España con el exterior.
Y esto ¿qué significa?
Las inversiones mineras se dedicaron a exportar los recursos españoles, con el fin de exportarlos a los países más industrializados de Europa, hasta que agotaron nuestros filones.  Reportaron, pues, escaso beneficio para el país.
Las inversiones ferroviarias beneficiaron a la economía española; pero se hicieron de forma tan deficiente y con tan poca capitalización, que se puede concluir que el tendido de los ferrocarriles fue un fraude al Estado y al país.
Cosa similar podemos decir de las inversiones -en monopolio- para explotar los establecimientos de los servicios públicos: electricidad, agua, tranvías...
Finalmente, el aspecto más negativo de las inversiones extranjeras son las influencias que tuvieron en la corrupción de a vida política española de 1850 a 1914 y la pérdida de soberanía que representó para el país.  Todo ello desembocó en lo que algún que otro estudioso del tema ha dado en llamar "la desnacionalización económica española".  Éste fue el aspecto más desagradable y el peso más triste que se arrastró a lo largo del primer tercio del siglo XX.  En definitiva, era la pérdida del control de la economía española por los españoles.
La neutralidad en la Primera Guerra Mundial y la mejoría de la balanza de pagos subsiguiente hicieron posible la nacionalización total o parcial de muchas empresas extranjeras.  Durante la dictadura de Primo de Rivera volvió de nuevo el capital extranjero, quizá en una cantidad de 800 millones de pesetas, capital aventurero que se iría con la misma facilidad con que llegó y que contribuyó al hundimiento de la peseta.
A partir del "crack" de 1929, la inversión extranjera fue decreciendo, siendo muy escasa durante la República. La posguerra seguirá esta misma línea, hasta que, a partir de 1959, se vuelven a abrir las compuertas a las inversiones extranjeras en el país.

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