16 jul. 2012

LOS PROLETARIOS RURALES (I)

Al margen de la oligarquía rural, otras muchas personas viven en el campo español; a menudo resulta difícil distinguirlas, dada la tendencia a la confusión entre los estratos inferiores de la sociedad.
Existían los campesinos propietarios de clase media que contrataban algún bracero para trabajar para ellos: representaban un 15% de la población en las regiones latifundista y algo más en las de pequeña propiedad.  También existían unos arrendatarios de clase media, que empleaban unos pocos braceros.
Después podemos mencionar a unos pequeños campesinos que viven de sus parcas explotaciones familiares.  Éstos representan una séptima parte de la población rural del sur de España.  En el resto del país eran la clase social más importante.  También tendríamos que citar a una clase de pequeños arrendatarios y aparceros, cultivadores de la tierra en régimen familiar.  Dentro de los jornaleros había que distinguir si estaban o no empleados permanentemente.  Todavía en 1956 estos jornaleros sin tierra representaban el 43,3% de la población agrícola meridional (dos veces y media más numerosos que en el resto de España).  Podemos decir que el predominio numérico en el sur de los jornaleros era similar al predominio de los campesinos propietarios en otras regiones.  Sin la presencia de los jornaleros, la agitación revolucionaria del sur no habría podido adquirir proporciones masivas.  Sin el ímpetu de estos jornaleros, el descontento de los campesinos propietarios más pobres y la agitación de arrendatarios y aparceros que vivían en un régimen mayor de seguridad, los disturbios hubieran sido temporales y locales, sin alcanzar la convulsión social que agitaba el sur.
La violenta situación y la amenaza de revolución agraria en las grandes fincas absorbió la atención de los políticos en los comienzos del siglo XX.  ¿Por qué?
La agricultura no proporciona un empleo constante.  Los meses de recolección, siembra, poda, etc... exigen un alto porcentaje de trabajo, para en los meses restantes estar empleados muy poco tiempo (el olivo exige para la recolección y poda el 77,3% del trabajo, sólo el otro 22,7% de la demanda anual de trabajo tiene ligar durante los restantes meses del año; con los cereales ocurre algo similar).  Sin la relativa fertilidad del sur y gracias a que la recolección del olivo y de los cereales se hacía en épocas complementarias, la supervivencia física de una clase de jornaleros tan numerosa habría sido totalmente inviable.  De todas formas, en el sur no se había alcanzado una diversificación de cultivos suficiente para poder solucionar el problema social agrario, proporcionando un empleo constante.  En un año normal, el número total de jornales que un bracero podía esperar conseguir era de 180 a 250, esto es, de 60 a 80% de los 300 días que constituye un año de trabajo normal. En Jaén y en otras zonas de monocultivo extremo, un jornalero no podía esperar trabajar más de 130 a 150 días al año.  Estaba claro: los trabajadores iban de monocultivo en monocultivo y se morían de hambre en los meses de falta de trabajo.  Los reformadores modernos veían que las grandes haciendas eran explicación suficiente de la miseria agraria.

No hay comentarios: