1 jul. 2012

LAS FUERZAS MARGINADAS POR LA RESTAURACIÓN (IV): EL NACIONALISMO VASCO Y EL MOVIMIENTO OBRERO

El nacionalismo vasco nace en el siglo XIX con Sabino Arana. Se manifiesta primero en Bilbao, lo que permite dosificarlo, menos como una herencia del antiguo sistema foral que, como una reacción económicamente avanzada contra la dirección política retrasada del país, le hace frente.  Dada la complejidad y polémica de este tema, volveremos sobre el mismo más adelante y en mayor profundidad.

Los partidos dinásticos de la Restauración marginarán el Movimiento Obrero; carentes de una legislación social, dejarán inermes a las masas campesinas frente a una oligarquía propietaria, lo mismo que al proletariado urbano frente al empresario omnipotente, pese a la creación por Segismundo Moret de una Comisión de Reformas Sociales en 1883 para informar y encuestar acerca de la vida de todas las clases trabajadoras españolas, y también para dar leyes de accidentes de trabajo (1900) y de regulación del trabajo de mujeres y niños (1900).  Éstas reformas se debieron a Eduardo Dato, exponente de una ligera tendencia intervencionista del Estado en el problema social.  Ya hemos dicho que el fracaso de la obra de Cánovas radica en su incapacidad para asimilar las bases sociales de la nueva revolución alumbrada por la Internacional; la suerte del régimen dependerá cada vez más de sus posibilidades de aceptación de la nueva izquierda: la que había sido marginada en los días de Cánovas y Sagasta.
Para la mayoría de los políticos de la Restauración, el anarquismo no pasaba en la práctica de ser un "problema de orden público", mientras el papel del socialismo quedaba reducido a un "estímulo amenazador" desde fuera.
Anarquistas y socialistas españoles, en franca ruptura desde el Consejo de Zaragoza de 1872, tienen su geografía peculiar; son dos ideologías, dos mentalidades, dos tácticas de acción.  A partir de 1888 se perfilan con claridad las organizaciones, las orientaciones y las tácticas del Movimiento Obrero.  Los socialistas, menos numerosos, dirigidos por Pablo Iglesias, fundan el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en 1879, y en 1888, la Unión General de Trabajadores (UGT).  Responden a la rígida ortodoxia del ideario marxista: el materialismo dialéctico.  Conciben la vida política como una lucha de clases, aspiran a la conquista del poder político por el proletariado.  El Estado será el dueño de los medios de producción; para ello necesitan una acción disciplinada, una línea a seguir por el partido, y no les repugna la intervención en la vida política parlamentaria.
El marxismo encontró su mejor exponente en Jaime Vera (Informe, 1884).  Parte de la situación de clases que convierte al obrero en un ser supeditado política y económicamente a la clase poseedora:

"El obrero actual no tiene más representación social que la de una mercancía, que sólo puede subsistir vendiéndose a diario, hasta la muerte.  (...).  La desigualdad, el estado de dependencia política de la clase trabajadora sólo desaparecerá cuando cese su independencia económica."

El sistema capitalista, basado en la plusvalía, produce necesariamente:

-Antagonismo de clases, manifestado por los bajos salarios, las altas jornadas de trabajo y los intentos capitalistas de aumentar la productividad e intensidad de trabajo.
-Anarquía en la producción.  La competencia conduce a la concentración capitalista, y el constante estado crítico se agrava con la crisis de superproducción.

Ambos resultados engendran la fuerza social que ha de destruir al capitalismo: el nuevo Estado, que, con un proletariado ya emancipado revolucionariamente, se aprovechará de los progresos del capitalismo, pero repartiéndose entre todos sus ventajas:

"Armonizar la forma de producción con la forma de apropiación, haciendo que a la producción colectiva aportada por el capitalismo corresponda la apropiación, también colectiva, lo que equivale a suprimir la función social capitalista."

Los anarquistas, más numerosos, siguen el ideario de Bakunin.  Están constituyendo la Organización Anarquista de la Región Española; son partidarios de una organización federalista; libertarios, apolíticos, prefieren la huelga general y la "acción directa" como forma de entenderse con la patronal, sin la intervención del Estado.
El Movimiento Obrero, de signo cristiano, será, paradójicamente, muy débil.  Ello es debido a varias circunstancias, entre las que destacaríamos que:

-A los católicos españoles, en líneas generales, les falta sensibilidad social.
-La descristianización de las clases trabajadores se debe al lamentable ejemplo de las clases dirigentes y a la propaganda de progresistas y demócratas sobre unas gentes que han pasado bruscamente del pueblo a la fábrica.
-El obrero ve en toda asociación una organización de resistencia, en la que el compañerismo y la solidaridad son más eficaces que la ideología.

Sobre estos aspectos ya hemos hablado anteriormente.  Dejemos claro, sin embargo, que en la España de 1900, nuestro país es el único de Europa occidental que no cuenta en el Parlamento con ningún representante del mundo obrero.  Pablo Iglesias, el primer socialista español, sólo será elegido diputado en 1910.

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