1 jul. 2012

LAS FUERZAS MARGINADAS POR LA RESTAURACIÓN (II)

Otras fuerzas políticas se oponían abiertamente a la Restauración.   Muchos miembros "izquierdistas" habían colaborado con la máquina tan trabajosamente formada por Cánovas, Martos y Canalejas, que se habían mantenido a una "distancia honesta" de los monárquicos y no tardarían en cooperar con los proyectos de sufragio universal, leyes de asociaciones liberales y el recurso sin impedimentos a un electorado real.
Las disensiones que habían tenido los republicanos seguían en pie.  En la época de la Restauración, las divergencias tendían a acrecentarse y a continuar haciendo válida aquella expresión de un republicano: "El partido republicano desayunó con Ruiz Zorrilla, comió con Figueras y Pi, merendó con Salmerón y cenó con Castelar".
Castelar formó el partido republicano "posibilista", y aunque proclamó que él no podía, no debía ni quería saber nada en la monarquía y que era republicano histórico, intransigente de toda la vida, por convicción y conciencia, evolucionará políticamente hacia la derecha, hasta convencerse de que la monarquía y la democracia no eran incompatibles.  Cuando las reivindicaciones del sufragio universal y del jurado se conviertan en leyes se sentirá "marido satisfecho", su obra quedará salvada y no podrá reprimir su entusiasmo.
Pi y Margall nunca aceptaría el régimen canovista; inflexible e incapaz de adaptar la teoría a las circunstancias cambiantes, continuó aferrado a la teoría del pacto, devoto a un ideal puesto por encima de todo interés personal, confiando siempre en la sabiduría "del pueblo".  Pi y Margall "honrado, sincero, un hombre de pueblo" continuó impulsando el partido republicano "federal", sin violencias, a través de una férrea acción publicista, parlamentaria y organizadora.  Pi y Margall seguirá hasta comienzos del siglo XX viajando y dando discursos por todo el país e influyendo en el catalanismo y en el anarquismo.
Salmerón y su prestigio intelectual atraerán al núcleo más eficiente de la opinión republicana.  Salmerón derivó de teórico abstracto a político intransigente y positivista, y fue figura importante en la creación de la Solidaridad Catalana a comienzos del siglo XX, frente a Lerroux y Sol y Ortega, herederos del republicanismo de Ruiz Zorrilla.  Entre los colegas políticos de Salmerón estaba Gumersindo Azcárate, quien impugnó el doctrinarismo canovista en el plano de la teoría política.
En muchos aspectos, el grupo más importante de los republicanos era el de los nuevos republicanos progresistas, integrado por ex progresistas y ex radicales dirigidos por Ruiz Zorrilla.  Su programa era la Constitución de 1869, bajo una forma de gobierno republicana.  Zorrilla era un político profesional, desligado de la tutela de los teóricos intelectuales, y captó que la República se había venido abajo por enajenarse el apoyo del ejército. Empleó todas sus fuerzas en organizar un republicanismo militar, explotando el descontento de la oficialidad y prometiendo un ejército moderno, purgado de burócratas, con servicio militar obligatorio, buenos sueldos, ascensos, pensiones de viudedad, etcétera.  Era el partidario del método castizo: conspiración y pronunciamiento.  Su persistente actividad conspiradora le obligó a permanecer muchos años en el destierro, pese a lo cual a él se debieron buena parte de los levantamientos de Badajoz, Santo Domingo de la Calzada, Seo de Urgel y Cartagena.  Todos se dieron entre 1863 y 1866, lo mismo que el pronunciamiento fracasado del general Villacampa.
Ruiz Zorrilla y Salmerón colaborarán con fines electorales, pero sin conseguir fundir sus dos partidos. La escisión será mayor cuando muera Ruiz Zorrilla. Su partido se dividirá en ala derecha, bajo Soy y Ortega, y ala izquierda, bajo Lerroux, quien en este momento comienza su ruidosa carrera política.
Ante la crisis del sistema canovista y de los partidos políticos que lo sustentan, determinadas fuerzas vivas del país asumen una posición de denuncia, en la cual se mezcla la repulsa ética frente al sistema de "oligarquía y caciquismo", con la defensa de unos intereses conculcados.  En esta oposición política económica del régimen se levantarán determinados sectores de las clases medias, por más que éstas no se acojan a connotación política alguna. Tales son la Liga Agraria o el movimiento encabezado por las Cámaras de Comercio, que, respectivamente, ven lesionados sus intereses agrarios y mercantiles.

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