31 jul. 2012

LA PROCLAMACIÓN DE LA SEGUNDA REPÚBLICA (II)

El día 14 de abril, muy de madrugada, Éibar era la primera ciudad de España que izaba la bandera tricolor y proclamaba la República.  cada hora traía nuevas proclamaciones: Valencia, Sevilla, Oviedo, Zaragoza, Barcelona, San Sebastián...
En esta misma madrugada, Romanones enviaba una nota al rey aconsejándole con claridad que abandonara España.  Mientras tanto, una nutrida manifestación comenzaba a ocupar la Puerta del Sol.  El rey se cercioró de que la Guardia Civil se negaba a salir contra el pueblo, y pidió un camino libre y un coche de escolta, listo para las cuatro de la tarde.  Romanones, que a las nueve de la mañana ya estaba en palacio, había dejado al rey completamente convencido.
Entre tanto, los miembros del gobierno provisional estaban reunidos en casa de Miguel Maura.  Allí llegó Sanjurjo (en absoluto culpable de haber asestado con su conducta el golpe de gracia a la monarquía, como le acusaban los monárquicos), con harta sorpresa para los futuros ministros republicanos.  Con apremio dijo que la Guardia Civil y él acataban la voluntad popular y pasaban al servicio de la República; se puso a las órdenes del ministro de la Gobernación (Maura), cumplimentó al presidente (Alcalá Zamora), reiteró sus ofrecimientos y se marchó.
Al poco llegó Marañón con el encargo de llevarse a Alcalá Zamora a su casa para celebrar la entrevista que había preparado el conde de Romanones en la casa neutral del ilustre doctor.  Lo que negociaron fue la inmediata salida del rey y que el Comité Revolucionario asumiera el poder como gobierno provisional.
A las tres en punto se izó la bandera republicana en el edificio de Telefónica de Madrid.  Ya se tenían noticias de lo ocurrido en algunas provincias.
Los miembros más destacados del Comité Revolucionario miraban las elecciones del día 12 y sus resultados como un triunfo moral, pero no como un triunfo definitivo.  Fue Miguel Maura el único que captó con rapidez todo el alcance del éxito urbano de las elecciones y empujó al gobierno provisional hacia la Puerta del Sol.  A las ocho y media de la noche ocupaban el Ministerio de la Gobernación y acto seguido, Maura cambiaba las autoridades de todas las provincias, lo cual se hizo posible en menos de tres horas, por teléfono y sin el menor incidente en parte alguna de España.  Simultáneamente, Alcalá Zamora dictaba decretos y nombramientos de cargos para que salieran en "La Gaceta de Madrid" al día siguiente.  Sin entrar en frases ni en detalles de lo que ocurría esta misma tarde en palacio, Romanones informaba: el rey, sereno, firmaba un manifiesto al país y discurrían los últimos y dramáticos momentos.
Alfonso XIII abandonaba el Palacio Real para siempre a las nueve menos cuarto de la noche.  En automóvil conducido por él mismo y a velocidad vertiginosa (el coche de escolta no le pudo seguir y hubo de regresar a Madrid), llegaba a las cuatro de la mañana a Cartagena, para embarcar rumbo a Marsella.
¿Quién derribó a Alfonso XIII?
No se puede culpar a Romanones, atribuyéndole la responsabilidad del último acto del drama al convencer al monarca de que todo estaba perdido y al ponerse en contacto con el Comité Revolucionario; no se puede culpar a Gabriel Maura, autor del documento de despedida del rey; tampoco se puede culpar al general Berenguer, que la noche del 12 lanzó un telegrama a las autoridades militares para que respetaran la voluntad nacional, dejando así inerme a la monarquía; no se puede culpar al general Sanjurjo, que con la fuerza de la Guardia Civil no estuvo dispuesto a salir a la calle y, por contrapartida, se ofreció espontáneamente a la República; y mucho menos se puede culpar al último gabinete de la monarquía por el derrotismo que exponenció a última hora.
En descargo de Alfonso XIII cabe decir que, al contrario de La Cierva, comprendió que republicanos y socialistas habían triunfado en Madrid y en las provincias y que la monarquía sólo se hubiera podido imponer en las grandes ciudades por medio de una guerra civil.  Obran en favor de Alfonso XIII sus buenos deseos de no contemplar esta alternativa y no querer verter ni una sola gota de sangre.
Ahora bien, las elecciones municipales habían dejado clara la impopularidad del propio rey; era el mismo monarca el que había dado un paso hacia la dictadura en 1923 y quien permitió que el gobierno Berenguer siguiera gobernando en 1930 y 1931.  Las propias clases conservadoras y la aristocracia perdieron su confianza en la monarquía y dejaron que el rey se fuera, ya que no le perdonaron su cooperación con el dictador.  Por añadidura, la Unión Patriótica, en liza con los partidos monárquicos, defendía al dictador y no a la monarquía.
Por lo que respecta a los republicanos que ahora ocupaban el poder, dice el propio Miguel Maura: 

"Nos regalaron el poder.  Que nosotros no hicimos sino recoger en nuestras manos cuidadosamente, amorosamente, pacíficamente, a España, a quien esos mismos hombres habían dejado caer en medio del arroyo.  Nos regalaron el poder, repito... Suavemente, alegremente, cuidadosamente, había nacido la Segunda República Española.  La revolución ha llegado sin una gota de sangre; republicanos e intelectuales creen que España ha llegado al más alto grado de madurez política; los obreros, ilusionados por la palabra libertad dan rienda suelta a una gran esperanza".

(ESTA ENTRADA ESTÁ DEDICADA A MI PADRE, DON ANTONIO, CUYO TESTIMONIO PERSONAL ME HA AYUDADO A ENTENDER MEJOR LOS ACONTECIMIENTOS EXPUESTOS Y TODOS LOS QUE LE SIGUIERON.  GRACIAS PAPÁ)

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