9 jul. 2012

LA PRIMERA INTERNACIONAL. LA ALIANZA. REPERCUSIONES EN ESPAÑA (II)

Morago puso a Fanelli en contacto con un grupo de obreros, entre los que destacamos, por su importancia en el futuro, a Mora y Lorenzo.  Fruto de estos primeros contactos fue la creación en Madrid de un primer núcleo de la Asociación Internacional de Trabajadores (A.I.T.) el 24 de enero de 1869.
Cumplido su objetivo, Fanelli partió de nuevo para Barcelona, donde, dado el grado de desarrollo de las asociaciones obreras en Cataluña y ayudado por José Luis Pellicer y Rafael Farga Pellicer, no tuvo grandes dificultades para conseguir en que mayo de este mismo año se fundaran en Barcelona, simultáneamente, secciones dentro de la A.I.T. y de la Alianza.
La confusión propagada por Fanelli al promocionar como una misma organización dos asociaciones radicalmente diferentes, sería causa de fuertes tensiones dentro del Movimiento Obrero español, que tendrán su máximo exponente en el congreso celebrado en Barcelona en 1870.  Bakunin se dio cuenta rápidamente de este error, y ya en 1872 escribía en una carta a Paulo (Tomás Gómez Morago), recogida  por Termes (op.cit.): "Al ayudarnos a echar los primeros cimientos de A.I.T. como integrante de la I. (Alianza) en 1869 (España), ha cometido una falta de organización, de la cual sentís ahora los efectos.  Ha confundido la Internacional con la Alianza, y por eso ha invitado a los amigos de la A.I.T. (Marid) a fundar la Internacional."
Con el programa de la Alianza, al principio esto ha podido parecer un gran triunfo, pero en realidad se convierte en una causa de confusión y desorganización, tanto una como la otra.
La Federación -órgano de expresión del Centro Federal de Sociedades Obreras de Barcelona, reorganizado en 1869-, dirigida por Farga Pellicer (a su vez secretario de la Sección de la Internacional barcelonesa, se dedicó a preparar el ambiente politicista y cooperativista  que se reflejaría en el congreso de 1870, para lo cual tradujo parte de la obra de Bakunin.
Sobre esta cariz apoliticista vendría a influir poderosamente la fracasada revolución federal de 1869.  Esta situación culminó con la Constitución de 1869, que haría exclamar al nada exaltado Castelar: "Pobre revolución de septiembre, cómo te han falseado.  Los diputados del país no ignorar por qué; harto lo repitió y consignó el pueblo y las Juntas Revolucionarias expresando su voluntad de la forma siguiente: bajo la esclavitud.  Abajo los Borbones.  Abajo las quintas.  Abajo los consumos; pues bien, subsisten las quintas, la esclavitud y en algunos puntos de España los consumos.  Sólo falta que venga un Borbón a reinar y la revolución se habrá falsead por completo."
Si la revolución había fracasado, este fracaso se haría más notable en Barcelona, y no olvidemos que aquí se celebraría al año siguiente el primer congreso de los internacionalistas españoles, debido a los sucesos de octubre de 1869, en los que, para protestar contra las quintas, se produjo conjuntamente una revuelta revolucionaria y una huelga general.
Todos estos hechos empujaron al movimiento obrero hacia el odio contra el Estado, hacia el desprecio a los hombres públicos, a la desconfianza en la acción política.
Si nos hemos extendido en los pormenores que rodearon al primer congreso de la Internacional en España, la cual llevará al proletariado español por caminos bakuninistas -anarquistas, en definitiva-, es debido a que la preponderancia del anarquismo español sobre otras organizaciones obreras, como el socialismo, y posteriormente el comunismo, se ha convertido en una especie de enigma histórico, cuya formulación más aceptada es la de atribuirlo al bajo grado de industrialización del país.
Particularmente nos atreveríamos a sugerir que la tradición apolítica del campesino andaluz (quien poco podía esperar del Estado), controlado por sus mismos opresores, se unió a la frustración del proletariado, burlado en su lucha por conseguir la República federal.

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