10 jul. 2012

LA INTERNACIONAL CLANDESTINA EN ESPAÑA (II)

Mientras tanto, no se habían suprimido los contactos con la Internacional anarquista, a cuyos congresos no dejó de asistir la representación española, intentando conseguir de ésta el apoyo necesario para la revolución social española, que se consideraba inminente.  Sin embargo, poco apoyo podían encontrar en una organización que se encontraba en franca decadencia y que, como diría posteriormente Anselmo Lorenzo, "dejó de existir materialmente en el Congreso de Viviers" (1877).
La línea purista tomada por la Comisión Federal y encuadrada dentro del anarco-colectivismo, que había hecho de la revolución social su mito y del nihilismo su táctica, no pudo resistir la ruptura de sus relaciones con el exterior.  A partir de 1878 se desatarían las disensiones en su interior.
Las conferencias comarcales de la Federación, celebradas en 1880, supusieron un intento de volver la Alianza hacia las masas obreras, para lo que ésta propuso renunciar a las represalias.  Al no conseguirlo, el grupo aliancista catalán, partidario de la acción pública, celebró una conferencia del 6 al 9 de febrero de 1881, con asistencia de las "comarcas" de Andalucía del este, Andalucía del oeste, Valencia, Castilla León, Castilla La Mancha y Cataluña.
En esta conferencia, los sectores revolucionarios y nihilistas, representados por Lorenzo Soriano, González Morago y García Viñas, fueron expulsados de la Federación, y su vacío llenado por Farga Pellicer, Pellicer Peraire, Llunas, etc.
Como si correspondiera el gobierno al deseo de los anarco-colectivistas a los dos días de la disolución en la práctica de la sección española aliancista, Sagasta autorizaría de nuevo los partidos y las asociaciones.

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