4 jul. 2012

LA ESPAÑA DE GALDÓS Y CLARÍN (II)

Galdós está profundamente interesado por su país, por sus conciudadanos y por las relaciones entre los hombres; Galdós no está en las élites; está con los hombres de a pie, con el pueblo.
Galdós tomaba partido en esas "dos Españas": tradición, fanatismo, intolerancia, rutina mental, de un lado; progreso, cientifismo, liberalismo, del otro.  Galdós toma partido cuando, hipervalorando el factor educacional, dice que éste basta para la "redención social".  Galdós toma partido contra el caciquismo y en "pro" del cuarto estado; lo mismo podemos decir de un Galdós que insiste en afirmar la personalidad de la mujer y en vigorizar sus "valores morales", rompiendo con unos usos sociales de la caduca moralidad decimonónica.  Galdós arremete contra el honor barroco, sustituyéndolo por el "honor burgués, racionalista, kantiano", con imperativo del deber, con voluntad de trabajo.  El honor galdosiano es un valor moral, un valor en sí; no se trata del "qué dirán" ni del honor como reputación.  Su teatro es una profunda sacudida contra los "viejos hábitos del sentir y del pensar o... del no pensar". de la "crema" de esa sociedad de la Restauración que luce vestidos, joyas y contempla distraídamente unas obras que glosan el conformismo ante sus usos y prejuicios sociales.  Galdós, para terminar, es un "anticlerical cristiano"; es enemigo de la función histórico-temporal de la institución eclesiástica en la España de su tiempo, pero no de la religión.  Critica también el aprovechamiento que las clases superiores hacen de la religión para sus fines egoístas.  Así y no de otro modo debe ser comprendido su anticlericalismo.

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