25 jul. 2012

LA ESCISIÓN DE LOS PARTIDOS TRADICIONALES (III)

El 9 de diciembre de 1915 constituyó Romanones su segundo gobierno, que, con varias modificaciones, permanecerá en el poder hasta abril de 1917.  El que dio carácter al gobierno fue Santiago Alba, quien, con sus dotes personales y políticas, presidirá la vida de la situación liberal.  Alba, ministro de la Gobernación, era un regenerador práctico de la escuela de Costa, y sus primeras armas en la política las hizo con la Liga Agraria de 1887, en la que vio un movimiento de productores contra los parásitos de la vida política.  Protestaba de las fórmulas y rutinas del Estado oficial, desconfiaba del escepticismo de los prohombres de los partidos, atacaba la representatividad "fabricada" a espaldas de la "opinión sana, independiente y honrada".  Frente al "proletariado de los abogados", a la carencia de instrucción técnica en España y a la burocracia monstruosa, propugnaba Costa "escuela y despensa".  La escuela corregiría la "vergonzosa anemia de voluntad" y la despensa daría al español un pan antes que una papeleta, pues, como él decía, "en España más de la mitad de los españoles se acuestan con hambre".
Convencido de que en España se va al todo o a la nada, propugnaba su posibilismo: "hagamos posible lo necesario", y esperaba hacer del partido liberal un partido de idealizaciones, al estilo de Canalejas.  La situación interior se había visto muy afectada por las nuevas circunstancias exteriores provocadas por la guerra.  Como consecuencia de la nueva apertura de mercados, Alba quería montar un nuevo programa presupuestario y fiscal teniendo en cuenta el aumento de la riqueza privada.  Eran tres los aspectos a abordar: plan de estabilización, desarrollo económico y realizaciones sociales.  Alba se vio atacado por aquellos a quienes afectaba su programa, principalmente los industriales catalanes.  Además debe tenerse en cuenta que Alba gobernaba y trataba de gobernar para el centro, y, en su ímpetu centralizador, llegó a un duelo tremendo con Cambó y la "Lliga" regionalista catalana. 
Alba, en su intento de llevar a la práctica las reformas estructurales que reclamaba el cambio de coyuntura, quería atraerse a los republicanos reformistas, para evitar así una peligrosa conjunción republicano-socialista.  Estos reformistas de Melquíades Álvarez, entre los que había un núcleo estrictamente intelectual: Ortega y Gasset, Azaña, etc..., se tornaron en "republicanos gubernamentales", dispuestos a colaborar siempre y cuando los liberales encauzaran a la monarquía por el camino de la reforma práctica.  Ahora bien, si la  monarquía se colocaba en contra de la "oposición", el republicanismo se entregaría a la revolución permanente.
Al gobierno de Romanones sucedió el de García Prieto, y a éste, el del conservador Dato.  El Parlamento estaba cerrado.  Como réplica a esta actitud gubernamental, varias docenas de parlamentarios se reunieron en Barcelona; mientras tanto, los militares acudieron a la subversión enmarcándose en las Juntas de Defensa; el obrerismo medía sus fuerzas con ensayos huelguísticos.
Sólo un milagro podía salvar al viejo sistema político, pero la sociedad política buscaba la solución por medio de "una revolución desde arriba" o "una revolución desde abajo" radical, como la ocurrida en Rusia en este mismo año crucial de 1917.

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