29 jul. 2012

LA DICTADURA Y MARRUECOS

El éxito de Primo de Rivera en la pacificación de Marruecos no fue negado por nadie,  supuso la base para la consolidación del régimen.
Primo de Rivera heredó en Marruecos una mala situación.  En la parte oriental, el poder de Abd-el-Krim crecía, y junto con Mohamed el Jeriro, la situación se agravaba en Yebala y el Rif.
Contra lo que cabía esperar, las ideas del dictador sobre Marruecos eran radicalmente abandonistas; sus idea las conocían todos, ya que las había expuesto reiteradamente en frases como éstas:

"Es preciso que este problema de Marruecos no comprometa el desenvolvimiento nacional de España, que tanto necesita de sus propios recursos.  Abd-el-Krim nos ha derrotado.  Tiene la inmensa  ventaja del terreno y de unos seguidores fanáticos.  Nuestras tropas están cansadas de la guerra y lo han estado durante años.  Personalmente, soy partidario de que nos retiremos totalmente de África y que la dejemos a And-el-Krim."

La tesis del dictador coincidía con el deseo de los políticos: "semiabandono" y evacuación de una buena parte de la zona marroquí.  En contra de todo esto se situaban algunos militares que anhelaban un desquite.  En julio de 1924, estando Primo de Rivera en Marruecos, los militares africanistas le ofrecieron un banquete en el que presentaron sin ambages su convicción sobre el desastre de una retirada en la parte oriental.  Fue muy duro el encuentro entre el dictador y el ejército de África.  El general Sanjurjo pasó instantes de trágica preocupación, con la mano en la culata de su revólver, temiendo verse obligado a defender la persona de Primo de Rivera.  Al marcharse, se volvió hacia el jefe, a quien creía principal responsable del suceso, y le dijo: "¡Muy mal, teniente coronel, muy mal! ¡Esto no se hace ni con el jefe ni con el huésped!"
En octubre de 1924, Primo de Rivera se arrogó el mando de alto comisario general en jefe del ejército de Marruecos.  A finales de noviembre ya se habían abandonado más de ciento ochenta posiciones.  Estaba demostrando valentía para imponer sus ideas al ejército de África  y exigirle algo heroico y carente de gloria: batirse muy cruentamente para perder frente a un enemigo creciente.
Mientras, el prestigio y la fuerza de Abd-el-Krim crecían.  Le esperaba otro éxito más.  Durante la primera mitad de 1926, la situación francesa fue comprometidísima.  Abd-el-Krim y los rifeños atacaron sus líneas y les infligeron serios desastres, cortando la carretera de Fez.
La posibilidad de una acción militar conjunta hispano-francesa contra Abd-el-Krim va a ser la base del rápido proceso que hace virar a Primo de Rivera en lo de Marruecos.  Se dan los pasos a través del ex ministro francés Maloy, por medio de la Conferencia Hispano-Francesa de Madrid y de las entrevistas de Petain y Primo de Rivera.  Éste había pasado de una actitud defensiva a la idea de desembarcar y derrotar a Abd-el-Krim.
El bien concebido desembarco de Alhucemas (1925) concluía en la primavera de 1927 con la ocupación total del territorio.  Primo de Rivera había rectificado con coraje la estrategia: de la política de control y penetración pacífica pasó a la ocupación militar con la cooperación militar de Francia.
Ello daba lugar también a la obra de colonización de España en Marruecos, basada en estos puntos: implantación de la administración mixta que correspondía a un país de protectorado; conocimiento estadístico del país; introducción de la sanidad y enseñanza; promoción de obras públicas; intensificación de la producción minera; respeto a las costumbres y a la población indígena.  Sin embargo, no será esta obra del todo exitosa, teniendo en cuenta la tardía pacificación, la geografía del país y la propia situación de España.
Un aspecto repetido y muy de tener en cuenta es que en campañas marroquíes se forjó el ejército español del primer tercio del siglo XX, y de esa escuela saldrían experimentados jefes.

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