31 jul. 2012

LA CAÍDA DE LA MONARQUÍA (1930-1931) (III)

Miguel Mauray otros miembros de su partido analizaban la conducta a seguir. Sus pasos iban encaminados a sumarse a la revolución naciente y a defender los principios conservadores dentro de una república que no querían que fuera monopolio exclusivo de las izquierdas y de las agrupaciones obreras. Miguel Maura -cuenta él- fue a despedirse de Alfonso XIII y a decirle que se pasaba al campo republicano.
Ossorio y Gallardo, decano del Colegio de Abogados de Madrid, se declaraba "monárquico sin rey" en el Ateneo de Zaragoza.  Otros muchos mauristas, aún vacilantes, se pasaban al republicanismo.
AlcaláZamora pronunciaba otro discurso en el Teatro Apolo de Valencia.  Don Niceto, que había sido ministro de la monarquía, se declaró enemigo irreconciliable del rey y partidario de una república viable, gubernamental y conservadora.  El entusiasmo por la república crecía, al tiempo que inspiraba confianza a las clases medias, conservadoras por tradición y por instinto.
Los tradicionales partidarios de la república estaban más animados que nunca; cada vez ganaban más adeptos.
Largo Caballero, el hábil dirigente de la Unión General de Trabajadores (U.G.T.), había aceptado la mano de Primo de Rivera y el cargo de consejero en el Consejo de Estado.  Con la influencia y poder de que gozaba en los organismos oficiales, había extendido por toda España la red de la organización sindical y la del partido socialista.  Al formarse el gobierno de Berenguer, el P.S.O.E. era el único partido verdadero existente en toda la nación, y la U.G.T. la única organización sindical decisiva. Largo Caballero, trabajador y sagaz, se apresuró a abandonar la nave de la monarquía.
Indalecio Prieto,auténtico político de raza, pronunciaba discursos revolucionarios en los que salían malparados rey, gobierno y autoridades.  Diversos especialistas en el tema están de acuerdo en afirmar que Prieto fue la primera figura política de esta época en la historia de España.  Practicando un realismo político, iba rápido en busca de sus objetivos.  Atacó mortalmente al rey y a Berenguer, haciéndoles responsables de los sangrientos desastres de España en el Rif; contra los responsables de estos desastres sólo había un camino: revolución y república.  Debe ser tenido en cuenta que los socialistas, tanto en estos momentos como más tarde, tenían en sus manos la suerte de España y de la República.
Intelectuales y estudiantes eran hostiles a la monarquía y al gobierno.  Ortega y Gasset, Marañón, Unamuno... hacían de "élites" de orientación.  Para celebrar la Fiesta Nacional del Trabajo el 1º de mayo de 1930, se hizo venir de Salamanca a Unamuno para que presidiese la tradicional manifestación, en desagravio popular por el trato injusto que le había infligido la Dictadura.
De entre los militares muchos eran los que conspiraban o demostraban simpatías por la república; en cualquier caso, se abstenían, dejando así a la monarquía indefensa.

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