21 jul. 2012

ESPAÑA DENTRO DEL MARCO POLÍTICO EUROPEO A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX (II)

Por otra parte, irrumpen las masas, haciendo caso omiso de los derechos del ciudadano y de las discusiones de los Parlamentos; dichas masas quieren nivelación social, y sólo obedecerán cuando se les asegure que ellas mandan.  Pero la edad de las masas, que desean soluciones rápidas y no trámites entorpecedores parlamentarios, exige el contacto directo con los dirigentes políticos, dando lugar a la edad de los jefes. La dictadura del proletariado o la dictadura del Estado cubrirán la mayor parte del mundo.  Espiritualmente se experimenta un desprecio por la democracia y las asambleas deliberantes y brota con vigor el culto a lo vital, a lo espontáneo, a la fuerza, a la energía.  Destaquemos algunos hechos sobresalientes que traen consigo el descrédito parlamentario; la crisis de la tercera república francesa; la revolución del renovador marxista Lenin; la revolución fascista de Mussolini y el auge del nazismo alemán, acaudillado por Hitler.  Por toda partes privan el sindicalismo revolucionario y los ataques frontales a las instituciones de la democracia parlamentaria, de un modo u otro.
Otro cambio de gran trascendencia en la historia más reciente es la tendencia a constituir Estados nacionalmente homogéneos, de acuerdo con el llamado "principio de nacionalidades"; este ímpetu nacionalista marcará la existencia de comunidades nacionales, políticamente autónomas.  Dichas nacionalidades necesitan de un peso específico al que supeditar la justicia, la verdad y la paz.  El nuevo nacionalismo basado en ideas arbitrarias y apriorísticas, como la "lengua" y la "raza", dará lugar a un mosaico de pueblos o a la incorporación de la mística nacionalista en los Estados totalitarios.
Hay, además, un tercer carácter decisivo procedente de la Europa decimonónica: la adaptación forzosa de unos Estados de planta burguesa a la realidad de una nueva clase que acaba de irrumpir en la vida política: la imparable clase trabajadora.  Ya a finales del siglo XIX, el socialismo europeo formará partidos politicos para contender en los Parlamentos con los partidos burgueses; pero el Movimiento Obrero deja entrever también su aspecto sindicalista, que no quiere tomar parte en el juego de la democracia parlamentaria y abrazará la "huelga general" como arma de que dispone el proletariado para hacer respetar sus reivindicaciones e intereses.  Al lado del sindicalismo puro estarán el anarquismo y el comunismo, que triunfará en la revolución bolchevique de 1917, estableciendo en Rusia una dictadura socialista.
España no se alejará mucho de esta fenomenología europea, y será necesario tenerla en cuenta para explicarse la crisis de la monarquía parlamentaria de Alfonso XIII y la desintegración política de la sociedad española, así como la creciente radicalización de esta doble crisis política.

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