21 jul. 2012

ESPAÑA DENTRO DEL MARCO POLÍTICO EUROPEO A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX (I)

Vamos a abordar en realidad un cuarto de siglo de la historia de las Españas que corresponde al de la monarquía de Alfonso XIII, basada en la constitución canovista de 1876, pero desbordada por diversas fuerzas.  En este período irá gestándose la desintegración política de la sociedad española.  Muchas palabras se agolpan en este tiempo: Movimiento Obrero, monárquicos, republicanos, conservadores, liberales, nacionalistas, centralistas, autonomistas, aliadófilos, germanófilos, ejército y Marruecos, crisis y Dictadura... Todas estas palabras son algo más que formalismos.  Reflejan una división del país, expresan sensibilidades mundos distintos, escisión de la sociedad española en proceso de creciente radicalización.
Se ha hablado en el concierto europeo de una "Segunda Guerra e los Treinta Años" (1914-1945), dada la crisis bélica y revolucionaria que se extiende desde la Primera Guerra Mundial hasta el fin de la Segunda.  España arrastra en este siglo una fuerte crisis social, política y espiritual, que desembocará en la mas sangrienta Guerra Civil de su historia (1936-1939).  Este proceso bélico y revolucionario, de una manera general, marcará un impacto decisivo sobre las formas políticas de cada país.  Los desgastados estómagos constitucionales de los viejos Estados europeos tendrán que digerir mucha cosas durante la primera mitad del siglo XX: un fuerte crecimiento demográfico, una tecnificación progresiva de todas las actividades humanas, un Movimiento Obrero en continuo auge, una mentalidad colectiva apasionada, inmersa en el clima espiritual del vitalismo, pronta a la violencia en defensa de la propia patria o de la propia clase; unas guerras totales que exigen una movilización total, material y moralmente, de todos los ciudadanos.  No es extraño que todo ello, actuando en conjunto, imprima cambios decisivos a los Estados democráticos y parlamentarios levantados por el siglo XIX en la Europa centro-occidental.
Hubo que considerar grandes cambios.
Una serie de factores económicos, sociales y culturales conducen a los llamados Estados totalitarios, controladores de todos y cada uno de los individuos, así como de todos los planes y resortes de la vida nacional.  Todo este dirigismo estaba, en última instancia, en función de algo: la guerra.  En esta situación, la crisis de la democracia parlamentaria es un hecho.  El Estado totalitario siente la necesidad de controlar la producción nacional y de intervenir en la vida económica de cada país, proceso que se acelera cuando la beligerancia de la Primera Guerra Mundial obliga a montar el dispositivo de la "economía de guerra".  El viejo liberalismo económico es sustituido por la economía autárquica de unos países que aspiran a producir todo lo que necesitan para el consumo.  Va a ser la guerra, y no el comercio, el eje que determine las relaciones interestatales. 

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