21 jul. 2012

ESPAÑA: DE LOS "FELICES AÑOS VEINTE" A LAS CONSECUENCIAS DEL "CRACK" DEL VEINTINUEVE (III)

La crisis afectó pronto a la agricultura, en cuyo sector aumentó el desasosiego campesino.  La industria, en 1930, se precipitaba al abismo.  Las salida de la crisis encaminó a los países a refugiarse en la autarquía; de esta forma, el comercio español quedaba desbaratado.  Ante esta situación, todos cargaron contra Primo de Rivera, hasta que el dictador y la Dictadura quedaron solos.  Una crisis le había traído y otra se lo llevaba.  Pero hay más: la caída de la Dictadura de Primo de Rivera implicaba a la monarquía.  Más tarde lo veremos.  Las tensiones que causó la economía de la Dictadura sobre la estructura social existente retiraron un punto de apoyo formidable, que quizá hubiese permitido a Primo de Rivera subsistir a la crisis de principios de 1930.
Algunas cifras nos hablan del colapso industrial de 1930 a 1936.  La producción de minerales sufrió una grave contracción a pesar de la constante protección que el gobierno de la Segunda República le dispensó a la hulla.  La industria algodonera pasó por una situación difícil a causa de la crisis agrícola, que mantenía contraído el poder adquisitivo de las áreas rurales.  Pese  sus logros en mercados orientales, a partir de 1929 hubo más de 20.000 husos parados.  La siderurgia pasaba también por muy malos momentos.  Los hornos de Sagunto se cerraron y los de Vizcaya trabajaban a un ritmo muy lento.  La caída fue brutal e incluso la energía eléctrica se vio afectada, disminuyendo el ritmo de instalaciones y de consumo.
Sobre este duro muelle vendrá a caer la Guerra Civil de 1936 a 1939, la Segunda Guerra Mundial y el aislamiento de que fue objeto España hasta 1953.  Durante 15 años la industria española vivió asfixiada.  Las actividades tradicionales del país mantuvieron una contracción total, hasta el extremo de que en general no rebasaron los índices de 1929 hasta 1951.
El Plan de Estabilización y tres Planes de Desarrollo propugnan vencer estas realidades y encauzar la vida económica española por los caminos de la integración a Europa.  En este proceso de prevaleciente autarquía, superproteccionismo y contracción de las actividades tradicionales, el hecho fundamental fue la aplicación a las inversiones industriales del "ahorro forzoso", derivado de la inflación, a través de entidades bancarias y de las instituciones públicas autónomas, además de la introducción de capitales extranjeros, en particular norteamericanos, a partir de 1950 a 1951.  en esta dinámica alcanzó lugar predominante el Instituto Nacional de Industria (I.N.I.), fundado en 1941 para "la creación y resurgimiento de las industrias españolas, especialmente las relacionadas con la defensa del país y las que se dirigen al desenvolvimiento de su autarquía económica".  A finales de 1957 el total de sus inversiones se elevaba a unos 32.000 millones de pesetas.  Su despliegue le llevó a la fundación y participación mayoritaria en numerosas empresas:   empresa Nacional Siderúrgica, Empresa Nacional Calvo Sotelo, Empresa Nacional de Electricidad, Empresa Nacional Hidroeléctrica Ribagorzana, Empresa Nacional Elcano, Empresa Nacional Bazán, Iberia, Empresa Nacional del Aluminio, Fabricación Española de Fibras Artificiales, Manconi, y en refinerías de petróleo, construcciones de camiones, automóviles, productos químicos y un largo etcétera...

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