26 jul. 2012

ÉPOCA DE DISTURBIOS Y CRISIS DE POSGUERRA (IV)

Aunque no se puede separar la conexión revolucionaria existente entre Cataluña y el sur o entre el sector agrario y el industrial, hagámoslo para una mayor claridad expositiva.
Al término de la guerra mundial irrumpe la revolución campesina, motivada por aquel aumento del coste de la vida y por el impacto de la revolución rusa (una organización anarquista cambió su nombre de Cordón a Cordoniev).  Debe tenerse en cuenta que entre un 60 y un 70% de la población activa se dedicaba a la agricultura; también al término de la guerra mundial se redujo el área cultivada, agudizándose el crónico problema campesino.
El proletariado agrícola vivía en medio de una gran agitación, y en el Congreso de Castro del Río (octubre de 1918) los campesinos exigían:

-Abolición del trabajo a destajo y fijación de salarios reglamentarios.
-Contratos de trabajos colectivos.
-Una legislación que diese la tierra a los que la trabajaban.
-Jornada de ocho horas y aplicación de la ley de accidentes de trabajo al campesinado.

Estaban semiorganizados y contaban con sindicatos agrarios locales, hasta con una cincuentena de periódicos y estaban unidos con los obreros catalanes de la C.N.T.  Ante esta slidaridad revolucionaria, que incluía a cocineras, criadas y nodrizas, los patronos estaban dispuestos a negociar.  Pero los terratenientes, carentes de serenidad, se marcharon a las ciudades, al tiempo que los comités de huelga se hacían cargo del gobierno municipal.  En la primavera de 1919 el gobierno envió tropas al sur, y la huelga se venció por medio de una dura represión. Una serie de reformas mejoraron a continuación las condiciones de vida del proletariado agrícola, aunque el Estado no se planteó en serio el problema de la reforma agraria.  En 1919 y 1920, anarquistas y socialistas siguieron presionando para que las tierras pasasen a pertenecer a quienes las cultivaban.
En 1921 el peligro había pasado, aunque el problema agrario subsistía.  Estos tres años (1918-1921) se llamaron en Andalucía el "trienio bolchevique"; los campesinos pintaban inscripciones de "¡Viva Lenin!" en las paredes de los cortijos, y toda su pasión se había centrado en el reparto agrario.  
En 1923, el sindicalismo revolucionario comenzó a perder fuerza, en parte, debido a las disputas entre los sindicalistas de la C.N.T. y los viejos militantes anarquistas de Jerez y Cádiz, como Sánchez Rosa, sucesor de Salvoechea y fundador de la Biblioteca Obrera.

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