23 jul. 2012

EL TURNO LIBERAL: MORET, CANALEJAS... (IV): EL ASESINATO DE CANALEJAS.

Años después de su asesinato, el duque de Canalejas, hijo del gran político, recordará las emociones de un niño huérfano.  Aunque el trozo es largo, lo transcribimos para señalar el momento decisivo narrado por el primogénito, que separa lo que sucedió de lo que ocurriría:

"Aquella mañana del 12 de noviembre, mi padre se despidió de nosotros como era su costumbre.  Hacia las once y media comencé a oír desde el cuarto donde estaba con mi profesor un murmullo de desasosiego que recorría toda la casa.  Después me pareció percibir gemidos y aun gritos.  Entró una criada diciendo que pasase al cuarto de mis hermanas, que me llamaban, y mientras lo hacía se quedó hablando con el profesor.  Mis hermanas me dijeron que no era cierto que me hubieran llamado.  Volví a mi habitación y noté, con instinto de chico, que algo había perturbado grandemente a mi profesor.  Comencé a desconfiar.  Los ruidos dentro y fuera de la casa eran mayores cada vez.  Oí llorar claramente.  Mi cuarto no tenía balcón a la calle.  me encontraba aislado, imposibilitado para saciar la curiosidad.  Empecé a presentir que algo malo ocurría.  Eran ya casi las doce.  Dije a mi profesor que había llegado la hora de concluir con él y de bajar a ocuparme de la imprenta, pero no me permitieron que saliera.  Entró el muchacho que por las tardes me acompañaba en mis paseos a pie o a caballo.  Tenía lágrimas en los ojos. ¡Qué canallas! -empezó diciendo- Han herido a papá.  ¿Quién? -pregunté yo-.  Un anarquista  Una impresión nunca sentida me conmovió todo el sistema nervioso.  Los anarquistas eran con frecuencia causa de intranquilidad para mí.  Hacía tiempo, un amigo me había contado que en su casa, de sobremesa, habíanse mencionado cartas anónimas que amenazaban con secuestrar a un niño llamado a encarnar una alta institución y a mí.  A raíz de aquello me vi muchas veces en sueños rodeado de caras barbudas, a las cuales hacía yo frente con mi pistola de "fulminantes", defendiéndome y defendiendo a aquel otro niño.
¡Herido, herido!, resonó dentro de mi cabeza.  Era como un golpear que estuvo a punto de hacerme caer en forzado sueño.  Me rehice.  Si está herido, pensé se curará.  Mis heridas se habían curado siempre.  Rogué que me llevasen al lado de mi padre.  Yo mismo quería prodigarle el consuelo de que se curaría pronto.  Alguien dijo: "Está muy mal herido... tal vez no curará...".  No se curará, me repetí; entonces... se morirá...  Por vez primera en mi vida tuve una visión irreparable.  Me dejé caer, llorando, sobre la mesa, frente a la cual estaba sentado.  En brazos me llevaron a otra habitación y me tendieron en un sofá.  Durante un rato, cuya longitud no puedo precisar, permanecí allí.  Cuando desperté, pues a manera de despertador fue aquello, vi que estaba solo.  Habían entornado las maderas y se habían ido.  Me dirigí hacia el piso de abajo.  encontré la escalera lena de gente que se estrujaron contra la barandilla para dejarme paso.  Vi a mi madre y a mis hermanas llorando. Las besé.  Cuantos estaban presentes derramaron lágrimas.  el resto del día lo pasé en el cuarto de mis hermanas.  Por la tarde vinieron a vernos amiguitos nuestros y rezamos el rosario..." 

(CONTINUARÁ)

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