23 jul. 2012

EL TURNO LIBERAL: MORET, CANALEJAS... (I)

En el partido liberal corren unos aires muy similares a los del partido conservador.  El "viejo pastor" Sagasta moría en 1902, y con su muerte quedaba planteada la crisis de la jefatura en la familia liberal. Los principales competidores eran Montero Ríos y Moret, ya entrados en años, quienes por sus antecedentes y por su directa vinculación en la crisis de 1898 representaban más el mundo del pasado que un futuro renovador.
Para comenzar, el partido liberal estará en el poder desde junio de 1905 hasta enero de 1907 con cinco gobiernos sucesivos: Montero Ríos, Moret, López Domínguez, Moret y Vega de Armijo.  Esta fluidez de los gobiernos (también existía entre los conservadores) obedece a la crisis en las jefaturas de los partidos.  La carrera entre los jefes de los partidos, ligada a un ansia de poder sólo comparable con las pasiones sexuales (según el conde de Romanones), contribuyó a mermar la eficacia política de los partidos.
La voluntad mayoritaria nunca cristalizó en la persona de Montero Ríos ni en la de Moret; bastaba cualquier reto, como el enfrentamiento (1905) entre regionalistas catalanes y los militares (sátiras anti-militares en la revista "Cucut"), para poner esto en evidencia.
Moret debió verse empujado a atraerse la opinión democrática avanzada, bien por razones electorales o bien por la misma razón de ser del partido liberal.  Aquel liberalismo confortable de la época de Sagasta no fue seguido por Moret, quien se encontró además con una alianza republicana, que no le beneficiaba en nada.  Mantener la alianza republicana exclusivamente con el grito de "¡Maura, no!" era desacreditar al liberalismo, como vislumbraban Canalejas y otros liberales.   
En 1906 Moret pidió al rey el decreto de disolución para consolidar su posición como jefe de partido a base de un programa radical.  El rey consultó a los jefes liberales, que aconsejaron en contra de una disolución.  En 1910 Moret repitió la exigencia y de nuevo le fue denegada después de haber consultado el monarca a otros jefes liberales.  Moret se consideró "despedido" y desacreditado por la intriga real, mas no fue el rey quien le venciera, sino las envidias de sus rivales en su propio partido, ninguno de los cuales hubiera aceptado ni por un momento la convención inglesa de que el rey debe seguir el consejo de su primer ministro y de nadie más que de él.
Sabemos que en la maniobra de 1909 Moreta apareció como director, siendo esencialmente un dirigido.  En la tormenta que había desencadenado no pasaría de ser un náufrago.
Moret había abierto, por entero, un problema político que no sabría ni resolver ni encauzar.  Derribó al gobierno conservador atropellando las reglas del juego. La reacción de Maura contra él será clara: "Puesto que nosotros no vemos en ese gobierno la continuación del partido liberal y democrático, nosotros no podemos tener con él más delación que la de una implacable hostilidad".
Tres meses y medio (octubre 1909-febrero 1910) permaneció Moret en el gobierno.  Deseaba unas elecciones para asentarse en el poder, pero no le fue concedido su deseo.  Nadie quería cargar con la responsabilidad de la crisis, y los liberales temían que Moret les arrastrase en su naufragio por su afán de captar a las izquierdas.  El que iba a cargar con la responsabilidad y las consecuencias de Moret era una personalidad rotunda e independiente, un "piloto en la tempestad", un hombre requerido inevitablemente: el liberal Canalejas.

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