23 jul. 2012

EL TURNO CONSERVADOR: SILVELA, MAURA, VILLAVERDE (V): LA SEMANA TRÁGICA DE BARCELONA

Republicanos, liberales y socialistas estaban combatiendo la política de Maura, al que apoyaban las derechas.  La agitación social desembocó en 1909 en los sucesos de la Semana Trágica.  La crisis comenzó  como consecuencia de la política española en Marruecos: desde 1904, un acuerdo secreto entre Francia y España había otorgado a ésta como zona de influencia la que va del río Muluya a Larache; a raíz del acuerdo, un grupo capitalista español, ,entre los que se encontraba Romanones, había adquirido las minas de hierro del Rif.  En 1909 un ataque de los rifeños a los constructores del ferrocarril desencadenó la acción del gobierno conservador de Maura, apoyado por el ejército y el rey.  Se votó un crédito extraordinario y se llamó a filas a los reservistas.  La medida produjo una fuerte reacción en ciertos sectores populares, y un comité de anarquistas y socialistas decretó la huelga general para el 26 de julio.  La huelga fue total en Barcelona, de donde iban a ser embarcados los reservistas.  Se atacó a la monarquía y al gobierno por mandar el ejército de España a defender las concesiones mineras de Marruecos.  Los ánimos estaban encendidos, y la Solidaridad Obrera llamó a la huelga general.  Precipitada y mal preparada, se formaron barricadas, se volcaron tranvías y hubo brotes de violencia anticlerical.  Cuarenta y dos conventos e iglesias fueron quemados o destruidos; las monjas fueron "liberadas", en expresión de Galdós; se exhumaron cuerpos buscando indicios de tortura, y, como en 1936, los exaltados se disfrazaron con vestimentas robadas.  Fuera de Barcelona se quemaron casetas de consumos y se convocaron juntas.  El movimiento sólo se extendió a Sabadell, Tarrasa, Reus, Badalona, Vilanova i la Geltrú, etc... y a los cinco días se había extinguido.
La violencia de los disturbios tuvo como punto de partida un grave error de Maura y de su ministro de la Guerra, Linarees.  Primero: no echaron mano de las tropas dispuestas para el caso en el campo de Gibraltar.  Segundo: llamaron a los reservistas, en su mayoría casaos y olvidados ya del servicio.  Tercero: sacaron tropas de Barcelona, donde el sentimiento herido se alió con el resentimiento político y social de siempre, y las dramáticas escenas del muelle (18 de julio) entre lágrimas y denuestos fueron el prólogo de la explosión.  A esto debemos añadir que la prensa radical expandió, fomentó y aprovechó el descontento, basado en el antibelicismo y el anticolonialismo suscitados en el 98.  Añadamos que entre los mandos civiles y militares de Barcelona no había  acuerdo, pues el gobernador Ossorio no se llevaba bien con el capitán general.  Cuando Ossorio no quiso declarar el estado de sitio, se retiró para presenciar desde lejos "la humareda salida de las torpezas militares" (SIC).  Ossorio sostuvo que la revolución fue algo espontáneo, ni dirigido ni originado por revolucionarios profesionales, sino que nació en condiciones sociales mórbidas: "En Barcelona, la revolución no necesita ser preparada: está preparada siempre...".  Por ello, el movimiento "no explotó como una bomba, sino que se corrió como una traca".

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