22 jul. 2012

EL TURNO CONSERVADOR: SILVELA, MAURA, VILLAVERDE (II)

En todo Barcelona se cantaba:

Treballem a Barcelona
per mantenir els de Madrid.

Y cuando Dato viaje a la ciudad condal en 1900 será abucheado por todo un pueblo espontáneo y organizado en su furor. De todas formas, esta política (iniciada por Villaverde) de deflación, encaminada a detener la depreciación exterior de la peseta, tendiendo a un sistema de estabilidad monetaria, tuvo un saludable efecto de estabilización después del desorden de años anteriores, y obligó a una mayor disciplina económica y a trabajar con costes más capaces de competir internacionalmente.
Silvela, regeneracionista, seguía en su pesimismo ante un pueblo que anteponía el materialismo a la dignidad. Él continuaba con su dignificación de la política y con las elecciones sinceras.  El resultado fue que los republicanos incrementaron sus votos en las ciudades.  En octubre de 1903, después del fracaso de su segundo gabinete, Silvela se apartó de la política.  El disidente Villaverde parecía el indiscutido heredero de Silvela.  Pero éste, al tiempo que confesaba su impotencia para realizar planes, pensamientos, ilusiones, cuidó de que los suyos no quedaran sin mando y les mostró a Maura, el hombre en quien creía:

"¡Tomadlo!  ¡Éste es vuestro jefe!"

Villaverde, que además veía obturada la aprobación de los presupuestos por republicanos y liberales, cedió ante el Parlamento, que había proclamado a Maura, encargado por el rey para formar gobierno: "Cuando el Parlamento, que había proclamado a Maura jefe de los conservadores, hubo hecho imposible la continuación de Villaverde, acató la corona su resolución y confió el poder al ungido por la mayoría" (duque de Maura).
Maura había entrado en la política como liberal bajo la protección de Gamazo, en cuyo bufete trabajaba.  Pronto dejó a los liberales para irse con Silvela.  Con él, el partido conservador recibió un empuje renovador y un sentido ético de reformismo justiciero y sincero que no había tenido bajo Cánovas.  Pero Antonio Maura fracasará, y con su fracaso arrastrará la ficción de los partidos turnantes.  Maura quería la revolución desde arriba, pero los liberales vieron en esto un afán clerical y autoritario y estaban dispuestos a aliarse con la revolución desde abajo con tal de derrocarlo.  Maura era un dictador parlamentario que no llegaba sinceramente al cuerpo electoral, por lo que liberales y republicanos desataron una campaña de prensa al grito de "¡Maura no!"

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