10 jul. 2012

EL PARTIDO SOCIALISTA Y LA U.G.T. (II)

Pronto el núcleo de Madrid fue ramificándose a Guadalajara, Valencia, San Martín de Provensal y Barcelona.  En este último punto, los creadores (Pamias, Caparó y otros) fundaron el periódico "El Obrero", que, al publicar el manifiesto inaugural, introdujo en él ciertas modificaciones.
Las Asociaciones del Arte de Imprimir, a las que pertenecían la mayor parte de tipógrafos madrileños (1.000 de entre 1.400), sin ardor suficientemente fuerte, fueron a la huelga en 1882.  La represión gubernamental, que llevó a la junta directiva en pleno a la cárcel, supuso un gran avance, ya que la solidaridad y el éxito de la misma (se habían alcanzado los objetivos en cuarenta y seis casas y sólo se habían perdido en catorce) llevaron a la creación de nuevas sociedades de tipógrafos en todo el país y, lo que es más importante, se crearon nuevas sociedades de otros oficios: obreros del hierro, carpinteros, canteros, etc.
La coyuntura fue rápidamente aprovechada.  En ese mismo año, en un congreso obrero, convocado por el Centro Federativo de Sociedades Obreras de Barcelona (dirigido por Pamias), se decidió crear una Asociación Nacional de Trabajadores de España, a la manera de Central Sindical.  A su vez, el congreso recomendó a los obreros el ingreso en el Partido Democrático Socialista Obrero.  En definitiva, y aunque todavía de manera muy informal, había nacido la Unión General de Trabajadores (U.G.T.).
El ofrecimiento de Moret a las organizaciones obreras para que expusieran sus planteamientos a través de la Comisión de Reformas Sociales fue únicamente aceptado por el Partido Socialista.  Iglesias hizo la exposición verbal, mientras la información escrita salió de la pluma de Jaime Vera, bajo el título de "Informe escrito de la Agrupación Socialista Madrileña".  En el mismo, Vera nos ofrece uno de los más importantes análisis teóricos marxistas del capitalismo que haya llevado a cabo un español, haciendo una profunda crítica del sistema capitalista.
Sin embargo, y para evitar equívocos, el propio Vera declararía en el preámbulo que el único objetivo que le había llevado a su redacción para la comisión había sido el de utilizar la misma como propaganda del ideario socialista, sin que esperase que el gobierno pudiera resolver la situación de la clase obrera, la única a la que correspondía conseguir su emancipación.
No obstante, el grado de colaboración que se había de mantener llevó a la escisión del primitivo grupo, al discutirse las bases del órgano de propaganda creado en 1885.  Mientras Iglesias sostuvo que había que combatir a todos los partidos burgueses, y muy especialmente a los más avanzados, Vera y Mora señalaban que era al gobierno a quien había que combatir, mientras que los republicanos podían considerarse en algunos momentos como circunstanciales aliados.  Triunfó la fuerte personalidad de Pablo Iglesias, y Vera se apartó de la dirección del partido hasta 1890, aunque cotizase lo mismo y siguiera afiliado hasta su muerte.
"El Socialista", que así fue denominado el periódico (al principio semanario), salió a la luz el 12 de marzo de 1886, siendo un instrumento eficaz para la unificación de las agrupaciones, que ya en 1887 alcanzaban la cifra de 28.
La diáspora originada por la negativa empresaria madrileña a dar trabajo a los organizadores de la huelga de 1882 iba a tener resultados imprevistos, ya que estos hombres, al tener que buscar trabajo en provincias, fueron creando en éstas nuevos núcleos societarios.  En agosto de 1888, por iniciativa del Centro Obrero de Mataró, se celebró un congreso obrero en Barcelona, al que acudieron representantes de toda Cataluña y de la Federación Tipográfica.
El congreso acordó la fundación de la Unión General de Trabajadores (UGT) con objeto de mejorar las condiciones de trabajo, apelando a la huelga bien organizada y recabando de los poderes públicos cuantas leyes favoreciesen los intereses del trabajo.  La unión se organizaba por secciones de oficios en cada localidad, y a escala internacional había una federación por Grupo de Industria, lo que recordaba bastante a la estructura de la Internacional.  Se decidió que todas las huelgas tendrían el apoyo moral y material voluntario, pero que éste sería obligatorio cuando hubiesen sido aprobadas por el Comité Nacional o por el voto de las secciones.  Otro de los acuerdos fue la creación de su propio periódico, "La Unión Obrera", gracias al cual sabemos que en el mes de noviembre de ese mismo año contaba con 3.355 afiliados.
La ponencia encargada de redactar los estatutos, y de la que formaba parte Iglesias (representante de la Sección del Arte de Imprimir), señaló en su estudio las tres armas con las que se creía contar para hacer de la Unión la plataforma de lucha, a corto plazo, del sindicalismo marxista: negociación, intervención de los hombres públicos y, por último, la huelga.  En su deseo de tener una base obrera lo más amplia posible, la Unión se declaró apolítica (no antipolítica), admitiendo en su seno a todo obrero que se comprometiera a respetar su reglamento y los acuerdos aprobados.  La estructura interna sería similar a la que se dio al partido: congresos bienales, autonomía local, comité nacional, etcétera.
Nada más finalizar este congreso se reunió el del Partido Socialista, conn la asistencia de representantes de veinte agrupaciones de Cataluña, Madrid, Guadalajara, Bilbao, Valencia, Játiva, Linares y Málaga, cuyo lazo de unión había sido hasta entones "El Socialista".
Después de aprobar el programa del partido, prácticamente tal como lo había redactado Iglesias en 1880, y al que algunos críticos acusarían de tener residuos proudhonianos en su formulación de la sociedad como una "federación económica y de moralismo trasnochado en su prescripción a la clase obrera de honrados e inteligentes".
Sin embargo, su posible utopismo se desvaneció a la hora de mostrar sus aspiraciones a corto plazo: sufragio universal, jornada de ocho horas, salario mínimo legal, gratuidad de la enseñanza...
En materia política, se situaba dentro de la legalidad el partido, ya que, a pesar de declarar su enfrentamiento con los partidos burgueses, se aceptaban las instituciones burguesas como plataforma de reivindicación.  Las pequeñas diferencias con el programa de 1879 eran reflejo de madurez política e ideológica.
A la vez, en la estructuración que se le dio, iba a aparecer ya un embrión de centralismo democrático.  El Comité Nacional habría de ser el órgano ejecutivo y resolutorio de los acuerdos tomados por las organizaciones locales y con carácter vinculante para todas ellas, que, en definitiva, le iba a apartar cada vez más de la masa obrera simpatizante con el anarquismo.  El Comité Nacional sería nombrado siempre (hasta 1915) por la Agrupación Madrileña.  Esto motivó que de las veinte agrupaciones representadas, sólo dieciséis dieran su adhesión definitiva.  El Comité Nacional nombró como presidente a Pablo Iglesias.

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