5 jul. 2012

EL MOVIMIENTO OBRERO EN EUROPA (II)

En la primera mitad del siglo XIX se desarrollará el período denominado "socialismo utópico", que será cerrado en 1848 con las crisis revolucionarlias y la publicación del Manifiesto Comunista (Marx y Engels).  Este primer período está dominado por reformadores, es decir, por moralistas; de aquí que se denomine utópico a este socialismo, frente al socialismo científico, en el que ya se dejan de lado los argumentos morales y se sustituyen por planteamientos científicos.
En Inglaterra, cuyo proceso de industrialización había sido el primero en iniciarse y, por tanto, el más avanzado, aparecen figuras como Owen, que pretenderá resolver las contradicciones de la sociedad industrial a través de reformas legales dirigidas por el gobierno y por una generalización de la educación.  Su aspiración a que estas reformas fueran introducidas voluntariamente por la clase dominante fracasó, ya que uno de los "dogmas" de la ideología liberal era la libertad absoluta, sobre todo en el terreno económico.  Por tanto, el Estado no podía regular las relaciones entre patronos y obreros, que se basaban en la total libertad de contratación.  Esta "libertad" lleva aneja, por tanto, la prohibición de asociarse los obreros, lo que se consideraba como un atentado a esta propia libertad.  Sin embargo, su lucha no fue estéril, ya que, aparte de conseguir que se limitase la jornada de trabajo de los niños y mujeres, logró la formación de los primeros sindicatos (Trade Unions).
Otro movimiento reivindicativo fue el conocido como "cartismo", cuya meta era la extensión del sufragio a todos los niveles.
En Francia, durante el período revolucionario surgió la figura de Babeuf, que por primera vez señaló la necesidad de un partido secreto revolucionario, capaz de hacerse con el poder para instaurar, acto seguido, un sistema comunista en el que se postulara, no ya el conocido principio de "a cada cual según su trabajo", sino otro mucho más avanzado socialmente: "A cada cual según sus necesidades", ya que, como decía él mismo: "es absurda e injusta la pretensión de querer una recompensa más grande para aquel cuya tarea exige un mayor grado de inteligencia y más aplicación y tensión de espíritu; esto no amplia en nada la capacidad de su estómago" (Babeuf, Realismo y utopía en la Revolución Francesa).
Babef influirá posteriormente en figuras como Blanqui y Cabet, representante este último de un comunismo autoritario y austero, cuya influencia en la práctica sería mínima.  Sin embargo, en el país vecino aparecerán también figuras que tendrán un gran impacto en todo el mundo, y de una manera muy especial en los primeros "utópicos españoles".
Fourier defendería la sustitución de las divisiones sociales con la creación del falansterio, comunidad utópica en la que convivirían el capital y el trabajo, pero cuyos beneficios serían repartidos de una forma equitativa.  La regulación de la vida de estas "comunas" tendería a transformar el trabajo alienado en actividad libre y creativa, para lo cual el individuo podría cambiar de ocupación tantas veces como lo deseara.
Mucho más importante en todos los órdenes fue Proudhon, quien atacó a fondo el principal postulado burgués: la propiedad.  Para Proudhon, la propiedad es un robo.

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