5 jul. 2012

EL MOVIMIENTO OBRERO EN EUROPA (I)

Las nuevas relaciones de producción que fueron implantadas por una burguesía vigorosa en Inglaterra, y posteriormente en toda Europa tras el estallido de la Revolución Francesa, motivaron una nueva división de la sociedad.  De un lado estarían los que detentaban la posesión de los medios de producción, y del otro los desposeídos.  Aquéllos luchaban en dos frentes distintos: contra los antiguos beneficiarios de la sociedad estamental, la nobleza y la Iglesia, reacios a ceder el poder a los recién llegados, cuyo mérito consistía en haberse enriquecido con los negocios; y contra la gran masa de desposeídos, cuyo número iba en aumento gracias al continuo crecimiento del "ejército industrial de reserva", alimentado fundamentalmente por el excedente de mano de obra campesina, a la que los nuevos sistemas de cultivo, con su mayor capacidad de producción, iban desplazando hacia los incipientes núcleos industriales, en los que se hacinaban en las peores condiciones.
El "shock" de los desheredados se debía tanto a las condiciones en que se veían inmersos como al sentimiento de encontrarse marginados en el sistema de producción.  Mientras en el sistema anterior (el manufacturero) el obrero, además de poseer en buena medida los instrumentos necesarios para el mismo, participaba en todo o casi todo el proceso, ahora se encontraba desplazado por las grandes fábricas, donde su labor se había deshumanizado por completo.  La relación obrero-mercancía se invirtió de repente; de ahora en adelante sería mucho más importante el objeto que el obrero que lo había producido.  Como diría Marx, había aparecido el "fetichismo de la mercancía".
La suerte de esta reciente masa de desheredados dio lugar a la aparición de las primeras corrientes de pensadores, que tratarían, si no de solucionar todos estos problemas, al menos de crear unas organizaciones que los paliaran.

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