13 jul. 2012

EL ANARQUISMO EN ESPAÑA (y IV): EL SINDICALISMO ANARQUISTA

Si la represión de 1883 había acabado con la Federación, la de 1896 hizo lo propio con el Pacto de Solidaridad.  Sin embargo, hemos de señalar la existencia de toda una gama de sociedades de todos los tipos, en las que se aglutinaban los obreros para la mejor defensa de sus intereses.
Mientras en España el proletariado entablaba una dura lucha para conseguir reivindicaciones como la jornada de ocho horas, en 1902 se había creado la Confederación General de Trabajadores (C.G.T.), que acudirán al congreso societario de Amiens en 1906, del que saldrían definidas las metas del sindicato: "El sindicato, organización de resistencia, será mañana el grupo de producción y distribución y la base de la reorganización social".  El congreso, a su vez, sentó las premisas de las reivindicaciones obreras en este momento, pero sin olvidar que el fin definitivo debía ser la preparación de la "mítica" huelga general revolucionaria, a la que creían (erróneamente) capaz de derribar las estructuras socio-económicas.
Como es de esperar, ese congreso mantuvo el apoliticismo de la clase obrera, lo que le hizo concentrar en un solo órganos funciones que los socialistas -única corriente con suficiente fuerza junto a ellos- separaban y adjudicaban al partido o al sindicato alternativamente.
La "Huelga General Revolucionaria" tuvo un gran eco en el país, donde las sociedades de resistencia tendían de una manera natural a unirse, aunque todavía no estaba claro cómo se había de hacer esta unión, ya que se miraba con prevención cualquier tipo de dirección, ante el temor de que ésta pudiera atentar de algún modo contra la esencia misma del anarquismo: la libertad individual del hombre.
Tras los escarceos del congreso celebrado en Madrid (1900) a instancias de la Sociedad de Albañiles -que tuvo escasa audiencia, según algún periódico de la capital, a pesar de estar representados en él 50.000 obreros y la progresiva consolidación del núcleo catalán, con el principio de asociación en la Federación Obrera de Barcelona y otras federaciones de menor importancia en el resto de la geografía peninsular -se llegó a 1907, en que, tomando como ejemplo la CGT francesa, se creó una Federación de Sociedades Obreras de Barcelona.  A pesar de su manifiesto netamente anarquista, en un primer momento se encontraron dentro de ella anarquistas, socialistas y radicales al frente de la misma.  Como secretario general encontramos a Ramón Lostan, secundado por Ángel Badía Matamala y Jaime Bisbé.  La organización a escala regional se consiguió al año siguiente (1908), pero ya con la exclusión de los socialistas, por su propia voluntad, y con la oposición de los radicales (seguidores de Lerroux), quienes, al no poder controlarla, intentaron su destrucción.  Paralelamente, y siguiendo la misma línea, se creaba en 1907 la Federación Obrera Extremeña.
Interrumpimos aquí la historia del Movimiento Obrero español, tema sobre el que volveremos más adelante para tratarlo hasta el momento en el que se inicia la Guerra Civil.

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