15 jul. 2012

¿CÓMO ENTRÓ ECONÓMICAMENTE ESPAÑA EN EL SIGLO XX?

Dos aspectos son muy de tener en cuenta a la hora de hablar de la economía española en las pirmeras décadas del siglo XX: la tendencia de España a seguir los pasos de la economía occidental  y la fuerza con que gravita el peso del siglo anterior sobre su historia más reciente.
Desde finales del siglo XIX una onda expansiva sin precedentes parece demostrar que el capitalismo clásico no encuentra límites a su empuje.  La población mundial aumenta a fuerte ritmo, todas las fuerzas productivas progresan, los medios de transporte aumentan y se facilitan, la producción llega a límites insospechados, alcanzando su oferta a todo el mundo; nuevos yacimientos de oro son descubiertos, con lo que se resuelve el problema de los medios de pago (todavía se utilizaba el patrón oro).  Inglaterra, Alemania, Francia, Estados Unidos y Japón experimentan una formidable expansión y el capitalismo cubre otra etapa: el imperialismo.  España, mientras tanto, sufre la catástrofe nacional del 98; pero existe una preocupación por cerrar heridas, por recuperarse de una forma modesta, pero digna y segura.
La otra cara de este crecimiento económico mundial presenta un cariz bien distinto: la Primera Guerra Mundial (1914-1918); la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), y la crisis más tremenda, la más negra depresión en la historia contemporánea (si exceptuamos la presente): 1929.  Al lado de estas guerras, la economía capitalista, a punto de quedar barrida, presenta una ininterrumpida carrera de armamentos, al tiempo que un sector de la misma se pone al servicio no ya de la producción de bienes, sino de la destrucción de bienes y de seres humanos.
La economía y la sociedad española serán reflejo de esta coyuntura internacional.  Por una parte se participa del fortalecimiento económico y, por otra, la crisis económica, social, política y espiritual desembocan en la España de la Guerra Civil (1936-1939).  Esta guerra, desde el punto de vista del crecimiento económico nacional, representó un violento parón, de similares consecuencias a las que tuvo la Guerra de la Independencia.
En otro orden de cosas, el siglo XX se liberará de algunos lastres del siglo anterior, pero en ningún momento podrá desasirse del peso decimonónico (el levantamiento de Franco quizás fue la última algarada del XIX).
El país seguirá presentando una configuración predominantemente agraria y latifundista, ya que las desamortizaciones supusieron, de hecho, un relevo de oligarquías, las situaciones feudales siguieron manteniéndose, el latifundismo se consagró como algo inamovible y la oligarquía y el caciquismo se transformaron en los ejes fundamentales de la estructura campesina española.
A las malas condiciones sociales y técnicas debemos sumar las condiciones negativas del suelo del país (un 10% de rocas desnudas, un 35% de terrenos muy poco productivos, un 45% de terrenos medianamente productivos y un 10% de terrenos altamente productivos.  Dicho de otro modo: sobre una superficie de 50.348.200 hectáreas, sólo 28 millones parecen susceptibles de cultivo).

Para saber más puedes leer HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE LAS ESPAÑAS III siguiendo este ENLACE

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