13 jul. 2012

EL ANARQUISMO EN ESPAÑA (I)

Como ya hemos visto, la Federación había sufrido un duro golpe con la clandestinidad impuesta por los "restauradores".  Sin embargo, los cuadros dirigentes consiguieron la creación, en el Teatro Circo de Barcelona, de la Federación de Trabajadores de la Región Española.  Iglesias, que acudió intentando representar al núcleo socialista de Madrid, fue expulsado, lo mismo que otros grupos acusados de moderantismo.  Es de señalar en este congreso la pretensión de Pi y sus republicanos de llevar a las masas trabajadoras a sus ideas.  Los resultados no les fueron favorables, ya que el congreso hizo una declaración tajante: "Somos adversarios de toda política parlamentaria y campeones decididos de la lucha económica, de la política destructora de todos los  privilegios y de todos los monopolios de esta organización injusta de la sociedad presente.  El congreso obrero se declara colectivista en cuanto a la propiedad, anarquista o autonomista e cuanto a la organización social".
A partir de este momento se inicia una ascensión vertiginosa de la Federación; pero crecía como coloso de pies de barro.  Desaparecía en 1888, tras el quinto congreso celebrado en Madrid.
¿Causas?  Varias.  Veamos algunas:

-La Federación estaba internamente escindida en su base.  La dirección se encontraba en manos de los núcleos catalanes, con claras tendencias asociativas y con carácter relativamente moderado.  Mientras tanto, la base del movimiento (y dentro de ésta la andaluza) era partidaria de un mayor radicalismo.  En definitiva, las federaciones andaluzas empiezan a hacer suyas las nuevas teorías de Pietr Kropotkin, y, de acuerdo con el décimo congreso de Londres de 1881, se recurre a una nueva táctica: la propaganda por el hecho (según otras versiones, por el terrorismo).  En definitiva, mientras Cataluña se inclinaba por un anarco-colectivismo de fuerte sabor bakuninista, Andalucía marcharía por los senderos anarco-comunistas.
-La aparición de un extraño episodio conocido como "La Mano Negra".  Veamos los hechos.  Andalucía estuvo sometida durante todo el siglo XIX a una serie de levantamientos y motines, cuya raíz había que buscarla en las estructuras vigentes de la prosperidad agraria; a las crisis cíclicas de una economía en buena medida precapitalista y a la falta de capacidad de una economía industrial, impotente para ir absorbiendo el exceso de campesinado.  Como antecedentes más inmediatos podríamos señalar la revolución de Loja, dirigida por Rafael Pérez del Álamo en el verano de 1861 (aunque en este caso las  motivaciones sean más complejas); la de Montoro (1868), la de Puerto de Santa María (1869), la de Pozoblanco, etc.
En esta situación de enfrentamiento entre el campesinado y la minoría propietaria, se produjo el asesinato de un matrimonio de venteros en Jerez el 3 de diciembre de 1882, seguido al poco tiempo por el de Fernando Oliver.

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