15 jul. 2012

DESARROLLO URBANÍSTICO (II): BARCELONA

Las calles barcelonesas, tiradas a cordel, fue una decisión tomada en 1902.  Poco después comenzaron las obras de reforma urbana: Salón de San Juan o paseo Nuevo, cementerio, paseo de Gracia.
El derribo de conventos, consecuencia de la desamortización en muchas ciudades, dejó espacios libres para levantar edificios como el Teatro del Liceo.
A mediados del XIX se lleva a cabo la plaza Real, rectangular, porticada y abierta a las Ramblas.
En 1854, tras serias discusiones, se obtuvo permiso para derribar las murallas y también, tras serias discordias con el Ayuntamiento y gobierno, se dio paso al proyecto de ensanche de Barcelona.  El gobierno aprobó en 1860 el proyecto del ingeniero Alfonso Cerdá, frente al del arquitecto Antonio Rovira, avalado por el propio consistorio.  El ensanche se extenderá desde las Rondas del casco antiguo hasta los núcleos suburbanos del llano de Barcelona.  Cerdá lleva a cabo un rígido sistema de cuadrícula, con manzanas de 114 por 114 metros y calles de 20 metros de anchura.  El problema de unir el casco antiguo y el ensanche se resolvió con la plaza de Cataluña, de más de 50.000 metros cuadrados.
Con motivo de la Exposición Internacional de 1888 adquiere realidad la Rambla de Cataluña, el paseo de Gracia y el Parque de la Ciudadela.  A partir de 1910 se abre la Vía Laietana, para enlazar el puerto y la parte alta de la ciudad.  También, con motivo de la Exposición de 1929, se urbanizó la zona de Montjuic.
El ensanche se siguió dirigiendo hacia el Llobregat y la zona de Pedralbes.
Como en el caso de Madrid, y careciendo de una visión articulada, se fueron anexionando a la Ciudad Condal los antiguos pueblos de San Andrés, Sans, Gracia, San Gervasi, Clot, Horta, San Martí de Provensals y Sarriá.
Barcelona, por otra parte, contaba con núcleos fabriles a su alrededor, que siguieron creciendo con gran rapidez: Mataró, Granollers, Tarrasa, Sabadell...

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