15 jul. 2012

DESARROLLO URBANÍSTICO (I): EL GRAN MADRID

Las transformaciones urbanísticas que experimentan las ciudades entre los siglos XIX y XX se ven influidas por el aumento de población y el desarrollo de la corriente emigratoria del campo a la ciudad.  Varias ciudades ven multiplicado por diez y más el número de sus habitantes en un período de cien años escasos.
El circuito amurallado que aprisionaba a estos núcleos urbanos puede hablar de su desarrollo constante.  Burgos derribó sus murallas en 1831; Pamplona en 1920; Ávila no llegó a derribarlas.
En el desarrollo del urbanismo influyen factores técnicos, sociales, económicos y artísticos.  Entre los primeros son determinantes el progreso de los medios de comunicación rodada, el de la técnica de las construcciones, etc.  Entre los sociales es indispensable suministrar un mayor bienestar a las cada vez más grandes masas de población que habitan las ciudades: zonificación por funciones (industriales, administrativas, comerciales, residenciales...); ampliación de espacios verdes...  En cuanto a los facctores artísticos, están unidos a las formas de sentir de la época.

Hablemos en primer lugar del Gran Madrid.
A finales del XVIII se sentía la escasez de viviendas y el encarecimiento de los arriendos.  Tras las destrucciones ocurridas con la Guerra de la Independencia, se pensó en una serie de reformas: Plaza de Oriente, reconstrucción del Buen Retiro y prohibición de enterrar en las iglesias, construyendo así nuevos cementerios.  Comienza también la construcción del Paseo de las Delicias, desde la Puerta de Recoletos hasta la fuente de la Castellana.
Durante la época de Isabel II se realizan significativos avances: creación de mercados cubiertos, formación de arrabales residenciales y obreros, propuestos por Mesonero Romanos: Chamberí, Ventas, Yeserías, Puente de Toledo y carretera de Extremadura.  Entre 1857 y 1862 se remoza la Puerta del Sol, adquiriendo su aspecto actual y costando las obras 62 millones de reales.  Se inaugura el Teatro Real en 1850, se establece el alumbrado de gas en las calles céntricas en 1832 y en las viviendas en 1848; se efectúa la traída de las aguas del manantial de Lozoya, por medio del Canal de Isabel II, y la introducción del ferrocarril en 1850.
Madrid aumenta su movimiento social y comercial al convertirse en centro carretero y ferroviario de España.  Van surgiendo las reformas urbanísticas.  En 1860 se aprueba un proyecto de ensanche, encargando su realización al ingeniero Carlos de Castro, según el cual las clases elegantes se situarían en el paseo de la Castellana; la clase media, en el barrio de Salamanca; los obreros, detrás del Retiro; existía también un barrio rural en la zona del Puente de Toledo, y otro industrial en Chamberí.  Los intereses particulares limitaron y perjudicaron la realización del conjunto planeado.  Además, los jardines y espacios libres previstos escasearon y los nuevos edificios y plazas construidos no brillaron precisamente por su valor artístico.
Había que esperar al siglo XX para que la transformación de Madrid la convirtiera en una capital de nivel europeo.  Durante el reinado de Alfonso XII se abre la Gran Vía, desde la calle de Alcalá a la Plaza de España, iniciada en 1910.  Se llevan a cabo las anexiones de poblaciones cercanas, como Tetuán de las Victorias.
A partir de 1943, Madrid comienza a crecer hacia arriba y en extensión de forma vertiginosa, no siempre adecuadamente planificada.  Se unen los vecinos de Chamartín de la Rosa (1947); los dos Carabancheles (1948); Canillejas (1949) y Vallecas (1950).  En 1951 se crea el "gran Madrid", y en ese mismo año quedan anexionados a la gran urbe Vicálvaro, Fuencarral, Aravaca y El Pardo, con lo cual aumentaron las posibilidades de creación de sectores industriales.  Madrid crece también hacia arriba.
Demográficamente Madrid evoluciona así: 1857, 281.170 habitantes; 1900, 539.835 habitantes; 1975, superior a los 3.000.000 de habitantes.

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