15 jul. 2012

CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO Y DESARROLLO URBANÍSTICO (I)

Partiendo de la idea indiscutible (y para nada moderna) de que "el hombre es la medida de todas las cosas", cabe entender que el hombre es la condición sin la cual no podremos explicarnos ningún tipo de actividad.
Es, por tanto, básico saber cuántos hombres hay en cada momento y dónde viven esos hombres.  Las cuestiones de población son imprescindibles para comprender cualquier suceso histórico y para entender la dinámica de un país.  Los grandes demógrafos no tuvieron inconveniente en subrayar la estrecha vinculación existente entre población, economía e historia.  Si echamos una mirada sobre algunos acontecimientos históricos, nos damos cuenta en seguida que algunos historiadores -que no tuvieron en cuenta la relación entre demografía y economía- interpretaron ciertos sucesos erróneamente o, en el mejor de los casos, de una manera incompleta.
A partir de 1900 los censos decenales están siempre referidos a la población existente el 31 de diciembre de todos los años terminados en cero.  Por ejemplo, en España:

-1900: 18.594.405 habitantes
-1910: 19.927.150 habitantes
-1920: 21.303.162 habitantes
-1930: 23.563.867 habitantes
-1940: 25.877.971 habitantes
-1950: 27.976.755 habitantes
-1969: 30.430.698 habitantes

... y así.
Ya el doctor Tamames afirmaba que si el nivel de vida ha de mantenerse, el ritmo de incremento de la renta nacional debe ser, por lo menos, igual al que sigue el desarrollo de la población.  Al no haber sucedido así después de la Guerra Civil, en el período 1939-1950 tuvo lugar un descenso muy notable del nivel de vida de los españoles.  La expansión demográfica crea, desde luego, una serie de problemas económicos; pero éstos serían todavía más graves si la población, en vez de crecer, disminuyera.

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