22 jul. 2012

ALFONSO XIII, LOS PARTIDOS POLÍTICOS Y LAS ÉLITES (III)

Existe un grupo o "élite" de hombres que, con la etiqueta conservadora o liberal, permanece siempre en el ejercicio del poder, controla las palancas del Estado y encabeza la administración.
Entre 1901 y 1922 España conoce 32 gobiernos, pero sólo 16 presidentes: Sagasta, Silvela, Villaverde (dos veces), Maura (cinco veces), Azcárraga, Montero Ríos, Moret (tres veces) López Domínguez, Vega de Armijo, Canalejas, Romanones (dos veces), Dato (dos veces), Allende Salazar, Sánchez de Toca, Sánchez Guerra y García Prieto (cuatro veces).  En resumen, muchos gobiernos, muchos cambios de ministros; pero, en realidad, los mismos nombres reaparecen constantemente para ocupar las carteras ministeriales.
Sería muy largo enumerar las veces que fueron ministros, en qué gobiernos, cuánto tiempo, etcétera.  Con el objeto de demostrar que la aparente movilidad del ejercicio del poder no era tal, citaremos algunos nombres que ocuparon las carteras ministeriales varias veces (hubo algunos que encabezaron hasta siete ministerios en distintas ocasiones).  Es el caso de Maura, Villaverde, Silvela, Bullagal, La Cierva, marqués de Vadillo, Sanchez de Toca, González Besada, Rodríguez Sampedro, Montero Ríos, Moret, Romanones, Navarro Reverter, Santiago Alba, Villanueva, Amalio Jimeno, Barroso, Mariátegui, Weyler, Luque, Sánchez Guerra, marqués de Lema, Pablo Garnica, marqués de Cortina, César Silló, Cambó, Ventosa, Bertrán y Musitu, Matos, Abilio Calderón y algunos más.
Las carteras claves eran las de Gobernación y Estado y Guerra; por el contrario, las carteras de Agricultura, Industria y Comercio e Instrucción Pública se daban a los noveles para que iniciasen su aprendizaje ministerial.
Estas docenas de ministros formaban una oligarquía parlamentaria, expresión de otra oligarquía, la económico-social, asentada en las arcaicas estructuras del país y que utilizaba el caciquismo como instrumento político creador de esa oligarquía ministerial y parlamentaria.  El origen social de dichas oligarquías habría que buscarlo en los miembros pertenecientes a la nobleza, a la gran burguesía o a las clases medias injertadas en el sistema elitista del poder.  Estos hombres de clases medias participan en los beneficios de las capas superiores, e ideológicamente comparten el conformismo pragmático con los usos político-sociales de la Restauración.  De hecho, en la conciencia de todos, las representaciones de poder y pueblo están separadas por un foso.

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