3 jun. 2012

RAMÓN DE LA SAGRA Y SU DISCURSO EN EL ATENEO DE MADRID

El siguiente paso -osado paso- será proponer a María Cristina que renuncie a su regencia y, finalmente, imponerle su expatriación.  Espartero será quien ocupe la regencia, acompañado de un trienio progresista.
Los liberales eran incapaces de llevar a cabo la revolución frente a la oposición armada del campesinado carlista.  Así es como los militares conquistan el poder para realizar lo que no habían podido hacer los políticos civiles.
El liberalismo se había escindido en progresistas y moderados.  Los primeros se habían echado en brazos de Baldomero Espartero; los segundos no tardarán en hacerlo en los de Narváez.  Sobre la gestión progresista de Espartero volveremos a hablar más adelante.
Nos resta proporcionar al lector un trozo del famoso discurso pronunciado en el Ateneo de Madrid, en 1840, por La Sagra. Se pueden apreciar en él las realizaciones de la revolución política llevada a cabo por los liberales desde la muerte de Fernando VII.  Su eficacia  relativa  nos pone en guardia ante las soluciones dadas por los burgueses a la precaria situación de las clases trabajadoras.  Diversos elementos derechistas entran a formar parte del sector burgués, que cuanto más se acrecienta y controla el poder, más en contradicción se pone, no sólo con sus propios intereses, sino con los del pueblo, que empieza a sufrir el proceso de proletarización.  Así se expresaba La Sagra -y no se olvide- en 1808:

"Mientras que la democracia rica e ilustrada, constituyéndose en aristocracia de nuevo género, ocupa los puestos públicos a que es llamada, ejerce la acción directiva del gobierno, que indudablemente le pertenece, y es elegida para la organización y construcción de sus leyes, la democracia pobre e ignorante vive de una manera precaria, no ve asegurada su existencia en modo alguno y carece de los goces sociales a que tiene derecho por sus trabajos y virtudes... La estabilidad de las instituciones que la revolución política ha creado y el remedio de los males que ha producido, exigen una nueva revolución; pero revolución simplemente social, tranquila y sensata, que acabe de destruir los vicios antiguos y restablezca y arregle las virtudes públicas, sacudidas en los tiempos de trastorno...
Consolidada que sea la paz, se harán efectivas estas condiciones y consecuencias de los cambios operados; pero siempre restará que procurar al pueblo el goce de los intereses materiales y morales que necesita y reclama para ser feliz y de los cuales depende en gran parte el goce de los intereses políticos.  ¿Qué importa, en efecto, haberle concedido el uso de la libertad de cambiar los productos de su industria si no halla medios de comunicación por dónde hacerlo?... ¿Qué hará con el diploma de libre que se le ha concedido, si este título no le asegura medios constantes de trabajo para no morir de hambre?  ¿De qué le servirá, en fin, su mismo derecho electoral, cuando no se le ha enseñado a apreciarlo o el estado precario de su existencia le condena a no ejercerlo?  Desengañémonos, señores: las clases laboriosas, las clases proletarias, no mejorarán en su estado y posición social sólo con haberse promovido en su favor los intereses políticos, puesto que para entrar en el goce de estos bienes necesitan entrar antes en la posesión de los intereses materiales y morales..."

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