24 jun. 2012

LOS ESPAÑOLES DEL XIX EMIGRAN AL EXTRANJERO (II)

Las jóvenes naciones americanas cifran su política demográfica en la atracción de extranjeros, propiciando con su legislación el establecimiento de colonos europeos.  Argentina, Brasil y Cuba serán los tres puntos que ejercerán un gran atractivo sobre el emigrante español, ocupando el primer lugar Argentina.
Cifras oficiales argentinas, citadas por Nadal, nos hablan de 4.445.760 inmigrantes desembarcados en la República platense entre 1875 y 1915, de los cuales 1.497.741 fueron españoles.
En 1895 había en Argentina 198.685 españoles, y en 1914 alcanzaban la cifra de 829.701, lo que representaba el 10,5% sobre una población total argentina de 7.885.237.  Sólo la inmigración italiana era superior, siendo los móviles de las penínsulas ibérica e italiana muy semejantes y teniendo las puertas de Vigo y Génova un comportamiento de sangría permanente de material humano.  Sin duda ninguna, el aspecto positivo de la emigración hispano-italiana consiste en su decisiva aportación a la configuración demográfica, económica y cultural de la Argentina contemporánea.
Algunas provincias españolas han sostenido el mayor peso emigratorio: Canarias, Pontevedra, La Coruña, Oviedo, Santander, Asturias, Barcelona, Madrid, Cádiz, Vizcaya, Lugo y León.  El resto arrojaba cantidades muy pequeñas.  Es muy significativo el caso de las provincias gallegas, donde el precio del trigo alcanza los índices más elevados de toda España y donde, para colmo, los jornales de los peones fueron cada vez más bajos.  Toda la literatura sobre la emigración gallega cabe sintetizarla así: los gallegos no emigran por esípiritu de aventura, sino por las enormes dificultades que oponen a la vida de las clases trabajadoras el caciquismo, la usura y el régimen de los Foros.
Cabe añadir la capacidad de iniciativa de muchos de estos emigrantes, que llegan incluso a regresar a España para disfrutar de la fortuna "que hicieron en ultramar".  Pero frente a estos "indianos", otros se quedan y otros vuelven también, pero tras haber sido vencidos irremediablemente en la lucha.
Otro foco migratorio importante es el de los alicantinos, murcianos y almerienses a tierras del norte de África (Orán principalmente).  También son las sequías o las inundaciones las que obligan a emigrar a docenas de miles de personas para ser allí explotados por compañías francesas sin escrúpulos.  Sucesivos atropellos marcaron el declive de esta emigración a Argelia, cuya otra característica era la temporalidad -emigración golondrina-, favorecida por un rápido y barato regreso.
Abundando en más datos, citamos los casi cien mil españoles resientes en Francia a comienzos del siglo XX.  Por contrapartida, y en estas mismas fechas, había en España unos 50.000 europeos: franceses, portugueses, ingleses, italianos, alemanes y suizos, por este orden.  Claro está que los extranjeros asentados en España tienen un significado económico y un escaso valor social, ya que España no necesita brazos, sino capitales y organización, precisamente para que los centenares de miles de españoles no se vieran obligados a buscar un trabajo que el deficiente desarrollo económico español les hacía imposible encontrar en su propio país.

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