20 jun. 2012

LAS RELACIONES INTERNACIONALES (1840-1868) (III)

A partir de 1848 España experimentará un fortalecimiento progresivo basado en cuatro factores concretos: el reconocimiento de las potencias de Europa centro-oriental del gobierno español, debido a la actitud resuelta de España ante la revolución de 1848, lo que garantiza al gobierno de Madrid como fuerza conservadora; el fortalecimiento de la posición económica de España, aprovechada en la guerra de Crimea y beneficiada por el tendido ferroviario y las inversiones extranjeras; la actitud particularmente respetuosa y comprensiva para con España y lo español por parte de Napoleón III; la Guerra de Secesión americana, que favorece el statu quo del área del Caribe.
Estas bases, a las que se suma el apogeo de la burguesía moderada, más unas razones de prestigio y la mentalidad romántica, dan como resultado unas superficiales intervenciones militares en el extranjero, que significan, por otra parte, la carencia de una política exterior coherente.
Así debe ser vista la expedición citada en apoyo del Papa Pío IX en 1849.  Dos años antes, los moderados españoles enviaban otra expedición a Oporto en apoyo de los moderados portugueses, por creer que "septembristas" y "miguelistas" estaban vulnerando el equilibrio, típico de la época de la restauración europea posterior a 1815.
Hasta Vietnam (la Cochinchina de entonces) se envía una expedición con objeto de castigar a los que martirizaban a los misioneros y establecer la libertad del culto cristiano.  El cuerpo expedicionario franco-español (las tropas españolas las comandaba el coronel Palanca) venció a las tropas anamitas.  Los españoles regresaron a Manila orgullosos de su proceder, aunque sin ventajas.  Francia, a la que cándidamente se le encomendó negociar en 1862 con Saigón, recibió tres provincias en aquellas tierras, y España, insistimos, el orgullo de que se estipulase la protección de aquellos lejanos misioneros.
A México también irá una expedición, mandada por Prim, con varios miles de españoles, que desembarcaron en Veracruz.  La cuestión era que el radical Benito Juárez acababa de derrotar al conservadurismo de Miramón y suspendió los pagos de la deuda exterior.  Para que respetara los bienes extranjeros, Inglaterra, Francia y España deciden intervenir militarmente; la colaboración desaparece cuando Napoleón III patrocina la candidatura del archiduque Maximiliano para el trono de México.  La expedición de Prim regresa a La Habana; es sabido que Maximiliano sería fusilado en Querétaro en 1867.
La posición ultramarina de España debía ser muy eufórica (creación del Ministerio de Ultramar en 1863), por cuanto se había proyectado enviar a las costas sudamericanas del Pacífico una escuadra con objeto de dar a conocer "la fuerza de que podía disponer España".  Con esta finalidad de prestigio sale de Cádiz una flota y se enzarza en El Callao (Perú) en la famosa Guerra del Pacífico.  Derrochan los contendientes heroísmo, celtiberismo, honor y frases ("España prefiere honra sin barcos que barcos sin honra").  A todo esto, los países extranjeros, sorprendidos, no comprendían nada y no salían de su asombro.  Algunos de los "causus belli" fueron la no admisión de Perú del vicecónsul español o el negarse a dar reparaciones de la muerte de un español en una granja.  Algunas de las conclusiones fueron que España experimentó varios cientos de bajas, que Perú expulsó a los españoles que hubiesen entrado en su territorio después e 1850 y declaró peruanos a los que vivían en el país antes de 1821.  El armisticio no se firmó hasta 1871.  Esforzados marinos y muy malos diplomáticos fue otro de los resultados.  Entre las muchas utilidades de la historia, existe una: a la luz del pasado, evitar la repetición de unos errores en el presente o en el futuro, o, lo que es lo mismo, la historia nos presta argumentos para acciones ulteriores.

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