20 jun. 2012

LAS RELACIONES INTERNACIONALES (1840-1868) (II)

España había perdido su Imperio americano y las relaciones con aquellos países quedaron cortadas.  Una ley de 4 de diciembre de 1836 permitiría entablar negociaciones de paz sobre la base de la renuncia por parte de España a todo derecho de soberanía y a toda reivindicación territorial sobre sus antiguos virreinatos. A partir de entonces, España reconoce la independencia de México (1836), Venezuela (1845), Argentina (a859), Bolivia (1861), etc...  Todos ellos son tratados deseosos de paz y amistad y con generosidad americana en cuanto a las relaciones mercantiles.  Con el olvido de las guerras de la independencia americana, muchos españoles se volcarán en aquellas tierras.
España seguía manteniendo su soberanía sobre Cuba y Puerto Rico. La integración de estos países  en la monarquía española planteará problemas muy mal resueltos por los gobiernos madrileños.  En primer lugar, en vez de colocar a los españoles de ambos hemisferios en pie de igualdad, y tener los americanos representación en Cortes, las provincias de ultramar serán gobernadas por leyes especiales y, lamentablemente, la actitud de España para con Cuba y Puerto Rico será la de metrópoli contra colonia.  Esto estará enlazado con el comportamiento español en aquellas tierras, donde su política les llevará a mantener la esclavitud en Cuba hasta 1870.
Hay otro problema: España no era ni una potencia militar ni diplomática que garantizara la integridad de aquellas tierras.  Estas islas, que hubieran podido ser tomadas por cualquier potencia antagónica, se mantienen en poder de España gracias al mutuo contrapeso que se hacen de una parte, los Estados Unidos, y de otra, Francia e Inglaterra.
A partir de 1840, Estados Unidos se expande hacia el oeste y arrebata a México todos los territorios al norte del Río Grande y el río Gila.  Ocupada la zona del Golfo de México, pone sus ojos sobre Cuba, presionando de dos formas: conspirando y mandando expediciones alentadas desde el sur de la Unión, como las dirigidas por Narciso López, u ofreciendo reservadamente al gobierno de Madrid la compra de Cuba por cien millones de duros.  Ambos métodos fueron rechazados.
España cuenta con el apoyo inglés, e incluso se permitía el gobierno de Gran Bretaña aconsejar al de España para que no se obstinase en sostener sólo por la fuerza material su soberanía sobre Cuba, y que llevase a la isla las instituciones que regían en la Península; el gobierno moderado dará una respuesta negativa a estos consejos.
Como el peligro de una guerra entre España y Estados Unidos subsistía en 1852, España presenta un proyecto de declaración conjunta para que ni Francia, Inglaterra o Estados Unidos se adueñaran, no consintieran que otros países lo hicieran, de las islas españolas.  Los estadounidenses se negaron a aceptar el convenio, porque, entre otras razones, pensaban que por el orden natural de las cosaas llegaría el día en que Cuba caería en sus manos.
Los yanquis siguen presionando en sus deseos de comprar a España la isla de Cuba, a lo que se les contesta que vender dicha isla equivaldría a vender el honor del país.

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