19 jun. 2012

LA UNIÓN LIBERAL EN EL PODER (1856-1863)

Espartero compartía la impulsividad romántica de sus compatriotas, los ímpetus de magnanimidad y de salvajismo, su propia estimación mal informada, la valentía física y la indolencia mental.  Su incapacidad para el esfuerzo paciente, sus oscilaciones entre la esperanza desmedida y la desesperación.  Fue el hombre más grande del liberalismo en los veinte años anteriores a 1856, aunque también el menos capaz de explicar qué representaba el liberalismo.
O'Donnell, por el contrario, nunca fue un héroe popular, pero estaba dispuesto a emplear la demagogia y no tardó en convertirse en un astuto y excepcional calculador.  Su fórmula de "Unión Liberal", que equivalía a la reagrupación de todas las clases satisfechas, no fue invención propia, pues la idea de un partido intermedio entre el moderado y el progresista, extrayendo a los afiliados de ambos, estaba ya en el ambiente antes de 1854.  O'Donnell fue el jefe destinado a hacerlo realidad durante su largo gobierno de 1858 a 1863, período inmensamente largo para cualquier gabinete ministerial español decimonónico.  Y fue en esos años cuando se cimentó el buen entendimiento entre todos los propietarios prudentes, sólidos y egoístas.
El fracaso de un sistema basado exclusivamente en la derecha o en la izquierda conducía a la búsqueda de la solución ecléctica: la "Unión Liberal".  Conciliar intereses en pro de una forma estable de vida política no era nada fácil, aunque eran muchos los adeptos a esta solución de término medio.  coherentes y realistas pasarían por alto el que se les tildara de hombres hambrientos de cargos, apóstatas de sus partidos políticos y personas sin tradiciones, principios ni futuro.
O'Donnell, quien se inclinaba más por el orden que por la libertad, estaba dispuesto a seguir sosteniendo el trono con una mano, blandiendo con la otra la espada de la ley. Ante la derecha había que esmerarse en parecer moderado y de equilibrada cabeza, pero cuando se le exigió hacer el beato en una corte clerical, dimitió.
La nueva etapa moderada -con Narváez en el poder- fue breve (un año) y sirvió de puente al gobierno más largo, hasta entonces, del siglo: cuatro años, siete meses y veintiocho días.  El "espadón" de Narváez se comportó en este intervalo conforme a sus antecedentes políticos.  Con el apoyo del neocatolico Nocedal, no permitió decir a la prensa nada en contra del gobierno y reprimió con crueldad los alzamientos sociales o republicanos de los campesinos andaluces.
O'Donnell tuvo que volverse a los conservadores para evitar convertirse en prisionero de palacio, aunque muchos progresistas seguían en sus cargos de oficina, demostrando que el sueldo garantizaba la docilidad.  os progresistas, en estas condiciones, sólo lo eran de nombre y apenas podían considerarse como partido, desde el momento en que Espartero, burlado hasta por la reina, salía en diligencia para Logroño.

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