23 jun. 2012

LA PRIMERA REPÚBLICA ESPAÑOLA (V): EL CANTONALISMO

El levantamiento cantonalista, promovido por los federales intransigentes, tendrá su epicentro en Cartagena y su área expansiva en Levante y Andalucía.
Los extremistas locales, aprovechando la debilidad de las fuerzas de orden público, implantarán repúblicas cantonales independientes.  El cantonalismo era la interpretación localista de la doctrina federal profesada por Pi y Margll, traductor del "PRINCIPIO FEDERATIVO" de Proudhon.  Quienes llevaron a cabo el levantamiento cantonalista no eran propietarios revolucionarios; aunque se vieran impulsados por el fermento social de signo internacionalista, tenían prisa por levantar una federación de abajo arriba, poniendo la unidad nacional y el poder ejecutivo en entredicho.  Rompían el vínculo del pueblo con la capital de la provincia y de ésta con el poder central.
El levantamiento cantonalista no fue, en puridad, una revolución social, aunque tenía muchos visos de serlo, sobre todo en algunos puntos, como Carmona, San Fernando, Sanlúcar de Barrameda o Alcoy, donde el alcalde republicano fue asesinado y los obreros tomaron la ciudad; fue paseada la cabeza del jefe de la Benemérita (Guardia Civil); se produjeron 35 víctimas, entre muertos y heridos, y ardieron varias fábricas y edificios civiles.  En algunos núcleos andaluces fueron quemadas algunas casas de los ricos, y mientras los jornaleros se quejaban, algún diputado republicano se pasaba al bando de los patronos.  En Montilla, grupos federalistas se pasaron al internacionalismo obrero y uno de los levantados se jactaría diciendo: "He matado al hombre más rico de Montilla".
En otras partes, una minoría de activistas políticos -estudiantes, periodistas, escritores, profesores, etc.- fueron los que dieron el golpe cantonalista , expresión clara de que a los intransigentes federalistas de provincias se les escapaba el poder.  La guerra carlista y el colapso del ejército fueron causa de que el cantón eliminara los obstáculos y aprovechara la perturbación, como en Granada, Málaga, Cádiz, etc.  En Cataluña, como decía Pi y Margall, "querían los centros republicanos ganar a toda costa al ejército: donde no lo conseguían, buscaban ocasión de arrebatarle las armas o echarle más allá de sus fronteras.  Málaga había ido desarmando a cuantas tropas penetraron en su recinto; Granada había obligado a la rendición a mil carabineros; Sevilla había echado fuera de sus murallas parte de las fuerza que la guarnecían.  ¿Cómo domar esas provincias?".
El panorama era análogo en Valencia, Castellón, Vinaroz, Cartagena, Murcia, Toledo, Salamanca, Béjar, Toro, etc.  En todas partes trataba de ponerse en evidencia el poder ejecutivo, a base de programas con el del cantón granadino:

"1º.  Imponer una contribución de cien mil duros contra los ricos.  2º.  Proceder al derribo de todas las iglesias.  3º. Fundir todas las campanas y establecer una fábrica de moneda para acuñarla con el bronce de aquéllas.  4º.  Incautarse de la Administración de Hacienda y de todos los bienes del Estado.  5º.  Dejar cesantes a todos los magistrados de la Audiencia."

Pi y Margall ordenó al general Ripoll mantener el orden, pero sólo lo pudo lograr en Córdoba, dad la descomposición del ejército y que las mejores unidades estaban luchando en el norte contra los carlistas.
La mayor eficacia se logró en el bastión de Cartagena, donde fue proclamado el cantón el 12 de julio, sin instrucciones de Roque Barcia y Contreras, representantes del comité general, quienes se unirían después al movimiento.  Fueron Gálvez Arce y Cárceles Sabater los que rápidamente se hicieron dueños de la situación y reemplazaron el ayuntamiento por una junta revolucionaria.  En Cartagena coincidían el indiscutible federalismo de la ciudad, lo casi inexpugnable de su plaza y el contar en sus radas con la mayor parte de la flota, que garantizaba el cantonalismo; contaba además con un buen arsenal y una buena situación geográfica, dominadora desde Cádiz a Barcelona.  En pocas horas roque Barcia se hacía con la presidencia del gobierno cantonalista de Cartagena; Contreras y Gálvez disponían de la flota y de 8.000 hombres; se les sumó también el artillero general Ferrer.  Madrid no pudo hacer frente, por lo que Pi salió del gobierno, no sin antes ser tachado de incompetente y cómplice.

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