23 jun. 2012

LA PRIMERA REPÚBLICA ESPAÑOLA (III)

Debemos subrayar las citadas diferencias doctrinales entre los caudillos Pi, Castelar, Salmerón, etc.  Por otra parte, de fuera del partido estaban los radicales, que deseaban una república conservadora y laica, capaz de aglutinar alos factores de la revolución de 1868 bajo la hegemonía radical. Estaban empeñados en derrotar al federalismo, aun a costa de romper la coalición republicano-radical que habían creado.
Más problemas: la oposición y las conspiraciones monárquicas; la guerra promovida por los carlistas con un tinte de cruzada nacional ante el anticlericalismo republicano; las dificultades de la política exterior y colonial, etcétera, hacían difícil la vida del nuevo régimen.
A los trece días de instaurada la república, la crisis se hizo inevitable y el débil Figueras estuvo a punto de ser desbordado por Martos. La desavenencia entre radicales y republicanos tomó cuerpo al querer los primeros disolver la Asamblea Nacional.  Martos se puso al habla con la Guardia Civil, alcalde y capitán general de Madrid para dar el golpe, que no llegó gracias a Pi y Margall.  Los radicales se vieron obligados a aceptar un gabinete federal más homogéneo, en el que, irónicamente, ocupaba Acosta la cartera de Guerra, hechura fiel éste de Serrano.  El nuevo gobierno tenía que tratar una serie de problemas impresionante.  Abordó el tema del ejército, estableciendo una milicia republicana que, además de no poder armarse con rapidez, era una milicia de partido y no una organización nacional. Se abolieron las quintas, pero no se presentaron los voluntarios suficientes para derrotar a la reacción clerical; como a estos "patriotas de dos pesetas" (así les llamaban), que no eran sino desempleados armados, se les pagara más, en el ejército regular cundió el descontento y serían presa fácil de la propaganda alfonsina, ya en ciernes.  Tampoco los republicanos readmitieron a los oficiales de artillería dimitidos desde hacía casi un mes.  La indisciplina del ejército era total.
Los conventos, iglesias, registros de la propiedad, fincas particulares y seguridad personal estaban seriamente amenazados por le pueblo y las juntas revolucionarias.  A los problemas cubano y carlista se sumaba el intento separatista de la Diputación de Barcelona, que proclamó el 9 de marzo el "Estado Catalán".
La república necesitaba restablecer la disciplina del ejército y solucionar los problemas de orden público si quería ser reconocida por las potencias extranjeras y atraerse capital europeo, del que estaba muy necesitada.
Las Cortes aprobaron una enmienda para que se disolviera la Asamblea el 22 de marzo, se fijaran elecciones de Cortes constituyentes para el 10 de mayo y se convocaran nuevas Cortes para el 1º de junio.  En el intervalo quedaba establecida una comisión permanente, con mayoría radical, como órganosupletorio de la soberanía nacional hasta que se reunieran las nuevas Cortes.

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